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Protestan nuevamente contra la reforma a la Ley del ISSSTE en Hidalgo
PACHUCA, Hgo., 11 de julio de 2016.- Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) e Intercultural de Hidalgo, alertaron sobre la creación de políticas públicas para mitigar el impacto del cambio climático en la escasez de agua y la baja producción alimentaria de la región Otomí-Tepehua, en donde sus habitantes están clasificados por organismos de medición de calidad de vida en pobreza y pobreza extrema.
Mediante una investigación que se denomina “El impacto del cambio climático, la producción alimentaria, la desertificación y la escasez de agua en la región Otomí-Tepehua del Estado de Hidalgo, México”, que presentaron en 2015 los especialistas Servando Gutiérrez Ramírez, David Francisco Ramírez Sánchez, Clara Elena Valladares Sánchez y Adriana Gutiérrez Ramírez, quienes plantean como esta región la deforestación, la falta de planeación y de infraestructura para captación de agua, así como la contaminación por dióxido de carbono han derivado en “serias dificultades en la producción de granos y vegetales propios del lugar”.
La región Otomí-Tepehua se compone por los municipios: Acaxochitlan, Agua Blanca de Iturbide, Huehuetla, Metepec, San Bartolo Tutotepec y Tenango de Doria. De acuerdo al Censo de Población sostiene que en cuanto al grado de marginalidad, el estado de Hidalgo registra uno alto y de los seis municipios que integran la Otomí-Tepehua, el de San Bartolo Tutotepec es el primero, ya que se clasifica en muy alto.
A través de la Cruzada Nacional contra el Hambre, señalan los investigadores en el municipio de Huehuetla el 86.3 por ciento de sus habitantes se encuentran en situación de pobreza y 55.1 por ciento no tiene acceso a la alimentación.
En San Bartolo Tutotepec, el índice es del 76.8 por ciento, sus habitantes también se encuentran en condiciones de pobreza y la mitad de ellos sin acceso a los alimentos. “Cualquiera de los dos municipios donde las circunstancias de rezago y desigualdad dificultan el avance hacia condiciones y oportunidades de vida digna para todos los habitantes, pero también conllevan un riesgo diferenciado hacia los posibles impactos del cambio climático” mencionan en su estudio.
Para la presente investigación, se empleó, por una parte, la metodología mixta, es decir, se aplicó una guía de preguntas que fueron abiertas y cerradas a pequeños productores de cuatro comunidades pertenecientes a la región y se ex ploro la situación a nivel mundial y se aterrizó en el ámbito local esto con el objetivo de emitir recomendaciones en política pública.
El cambio climático hizo estragos en esta zona en 2005 en donde se sufrieron afectaciones por la tormenta Stan, específicamente inundaciones. “De ésta manera, cabe destacar la enorme importancia de identificar el cómo se ha afectado la producción alimentaria e intensificado la desertificación y escasez de agua en la misma, que pone en riesgo la seguridad alimentaria y medioambiental”.
Los impactos ambientales en esta zona son el cambio de usos de la tierra, si bien esta se justifica por la necesidad de tener más tierras de cultivo, se deforestan los bosques pero tras esta deforestación se incrementan la vulnerabilidad ambiental, que ocasionan en mayor grado, deslizamientos de taludes así como erosión hídrica.
Así como la falta de planeación en las zonas altas de la región Otomí-Tepehua, ya que la población sufre de escasez de agua en temporada de calor. De cierta manera, es contradictoria ésta situación, ya que se registran altos índices de precipitación, que marcan en promedio mil 006 metros cúbicos por año, pero no hay una planeación, hay una inexistencia de infraestructura para captación de agua y los servicios que conlleva.
Los especialistas recomiendan la utilización de micro-cuencas ya que considerara a dicha problemática como un sistema que posibilitaría el aumento de la participación de organismos y sectores sociales, para el manejo sostenible de los recursos naturales, así como que se rescaten las áreas boscosas de la región.
También señalan que es fundamental el que pueda rescatarse y fomentarse la noción de “bien común”, respecto al agua puesto que, todo ser humano debería tener acceso a ella sin discriminación. Sin embargo, es evidente el observar claramente la existencia de un interés por parte de la iniciativa privada para ponerle un precio al vital líquido y ello signifique un acceso restringido para la población, por lo que mediante normas de gobierno se debe regular.