Filosofía sin escrúpulos
Cuando el presidente López Obrador regrese de su visita de trabajo, en la mañanera del día 10 tengamos confianza en que nos anunciará la devolución a México, por parte de EU, de los poco más de 2 millones de km2 que nos arrebataron en las guerras del siglo XIX, eso conociendo la dignidad con que se ha comportado nuestro presidente en casis similares, como los reclamos que hizo el año pasado a España y El Vaticano para que se disculparan con México (aunque faltaban tres siglos para que existiera) por los estragos de la Conquista.
No me cabe la menor duda de que eso sucederá, porque si la Conquista ocurrió hace 500 años, el expolio norteamericano ocurrió hace menos de 200. En Washington, no me cabe duda, están más que preocupados porque conociendo el temperamento de la dignidad de nuestro presidente deben estarse preparando para la tormenta. La dignidad mostrada por Don Peje en los casos referidos, causa estos temores. Y no es para menos.
O quizás sea sólo un sueño, me atrevo a pensar, porque si revisamos su comportamiento con el inquilino de la Casa Blanca, hay pocos motivos para creer que algo como lo descrito arriba pudiera ocurrir, pues es sabido que si antes de llegar al poder prometió que le pondría un alto a Trump, una vez en el poder hizo todo lo contrario, es decir se puso a sus órdenes. Bastaría consultar sus discursos, o el libro que escribió (Oye, Trump, se llama, así de sobrado, tuteándolo y todo) y revisar la serie de medidas que tomó frente al imprevisible presidente norteamericano en temas como la migración o el mismo T-Mec, el más alto ejemplo, si lo hay, de lo que significa el Neoliberalismo sobre el que todos los días lanza furibundos anatemas y al que acusa de todos los males de nuestro país.
Pero basta que Mr. Zanahoria le truene los dedos para que nuestro presidente se amilane, se haga chiquito, se esconda y se muestre tal cual es, un “cobarde matoncito”, como lo describiera hace unos meses el ex presidente boliviano Jorge Quiroga, que lo señaló
“arrodillado ante Trump”, mientras maltrata a los más débiles, en este caso Bolivia. Todo ello luego del affaire entre estas dos naciones alrededor de Evo Morales, quien ni siquiera gracias le dio al Peje y se escapó a Cuba, y luego a Argentina, cuando ya le preparaba una especie de pensión vitalicia.
Eso es lo que me hace dudar, debo confesarlo, porque ningún presidente, ni siquiera el odiado Peña Nieta, mostró tal nivel de servilismo con Trump. Entonces, me resignó, lo más seguro que escuchemos en la mañanera del 10 de julio, y las semanas que sigan, será que tiene nuevas órdenes, que Trump le habrá ordenado que limpie las aduanas, que rebosan de esa corrupción que ya no existe en la 4T y que ha merecido ya tres cambios de titular (y no hay que olvidar que dependen de Hacienda, y del SAT). Lo fraseará de otra manera, no me cabe duda, como por ejemplo que él y Trump llegaron al acuerdo de…. Pero no nos engañemos, serán órdenes. Tiene muchos pendientes, como recapturar al Chapito que ordenó liberar, dejar de atacar la inversión extranjera, respetar los acuerdos comerciales pactados con la comunidad internacional, sobre todo ahora que quiere colocar uno de sus alfiles en la OMC; proteger las inversiones de norteamericanos y canadienses y, en pocas palabras, respetar el Estado de Derecho, a lo que nuestro presidente es tan reacio.
Y en una de esas también podría ser que le ordene que ya se ponga a gobernar.
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