Ráfagas: Crespo presume encuesta donde ni aparece
PACHUCA, Hgo., 22 de septiembre de 2025.-El Gobierno Federal declara que en 2026 la educación recibirá más recursos: un aumento del 2.5 % respecto a 2025 y un salto del 9.7 % al 11.5 % del erario nacional. En los discursos oficiales se habla de un “logro histórico”. Pero detrás de esas cifras se esconde un espejismo.
El gasto crece, sí, pero no en lo que sostiene la calidad educativa: maestros capacitados, materiales pertinentes y evaluación confiable, entre otros rubros. El presupuesto privilegia las becas, mientras condena a los docentes a la orfandad pedagógica.
El dato es brutal: el Programa para el Desarrollo Profesional Docente se desploma 53.4 %. De 609.9 millones en 2025 a apenas 284.1 millones en 2026. Traducido al bolsillo del magisterio, el gasto por maestro cae de 365.5 pesos a 166.4 pesos. En básica, donde se forma la raíz del aprendizaje, el golpe es demoledor: de 404.6 pesos por docente en 2025 a 91.5 pesos en 2026, un recorte del 77.4 %.
La tendencia confirma el abandono: en 2018 se destinaban 1,200 millones a capacitación; ocho años después queda menos de la cuarta parte. ¿Cómo puede hablarse de transformación educativa si los maestros no reciben herramientas para enfrentar el siglo XXI?
No es el único retroceso. Los materiales educativos se reducen a la mitad en un solo año: de 6,216 millones en 2018 a 3,011 millones en 2026. Con este recorte del 51.6 %, los docentes improvisarán con libros obsoletos mientras la Nueva Escuela Mexicana exige insumos actualizados. ¿De qué sirve hablar de innovación si se condena a las aulas al rezago material?
Y la evaluación, indispensable para saber si las reformas curriculares funcionan, ha quedado en la penumbra desde la desaparición del INEE. Para 2026, la Dirección General de Análisis pierde 64.7 % y la Unidad de Equidad y Excelencia 73.7 %. De casi 1,500 millones en 2018, hoy apenas sobreviven 500.
Sin diagnósticos serios, no sabremos si los aprendizajes mejoran o se hunden. Navegamos a ciegas.
El contraste es escandaloso. Mientras la formación docente y los materiales se desploman, el gasto en becas crece 36.6 % en un solo año, alcanzando 186,501 millones. La Beca Universal Rita Cetina se dispara de 79,449 millones en 2025 a 129,386 en 2026: un aumento del 62.9 %. Así, un estudiante puede recibir dinero para no abandonar la escuela, pero encontrarse con un salón sin libros, con un maestro sin capacitación y con planes improvisados. Permanencia sin calidad, clientelismo disfrazado de justicia social.
El dilema es claro. Si el Congreso aprueba sin reservas este presupuesto, se consolidará un modelo que apuesta a las becas como moneda política y renuncia a la construcción de un sistema educativo sólido.
Esperemos que no. Porque nadie desea un modelo que entrega dinero a corto plazo pero destruye las bases de largo plazo.
¿Queremos una educación que sostenga al país con maestros capaces, materiales pertinentes y evaluación seria? ¿O nos conformamos con un esquema donde lo importante es la estadística de inscripción, aunque los aprendizajes se vacíen?
Esta propuesta ingresada para su revisión es la renuncia a formar ciudadanos críticos y libres.
Es el triunfo del corto plazo sobre la educación de verdad. Y es, sobre todo, la confirmación de que en nuestro país, al maestro se le exige todo… pero se le da muy poco.
Las de chile seco
Dar pescado es bueno. Pero mejor aún, enseñarle a pescar.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.