Ráfagas: Pachuca, otra vez sin agua
PACHUCA, Hgo., 6 de octubre de 2025.-Cada vez que una persona realiza una acción que su cerebro interpreta como placentera se libera dopamina, la cual es un neurotransmisor asociado al placer, la recompensa y la motivación.
Al hacer scrolling (el acto de deslizar continuamente en redes sociales o aplicaciones), el cerebro entra en un ciclo de búsqueda constante de recompensas pequeñas e impredecibles, similares a las que se observan en mecanismos de apuestas. Cada nueva publicación, video o notificación activa una pequeña descarga de dopamina, lo que refuerza el comportamiento y genera la necesidad de seguir buscando ese estímulo.
Con el tiempo, este proceso puede derivar en una forma de adicción conductual. Al igual que en otras adicciones, el cerebro empieza a necesitar dosis cada vez mayores de estimulación para experimentar el mismo nivel de satisfacción. Esto puede provocar pérdida de concentración, ansiedad, alteraciones del sueño y dificultades para disfrutar de actividades fuera de la pantalla. La persona no busca conscientemente pasar horas haciendo scrolling, pero el sistema dopaminérgico termina secuestrado por el diseño de las plataformas digitales, que explotan deliberadamente estos mecanismos neurobiológicos para maximizar el tiempo de uso.
Bajo este contexto debemos poner especial atención en el uso de redes sociales y dispositivos en las infancias, donde la exposición prolongada al scrolling y a la estimulación constante de las pantallas puede tener efectos más profundos, ya que el sistema dopaminérgico aún está en desarrollo. Las redes sociales y las plataformas de video corto generan recompensas inmediatas y cambiantes que pueden alterar la capacidad de los niños para mantener la atención, tolerar la frustración o disfrutar de actividades que requieren esfuerzo y espera.
Al vincular la dopamina con la validación externa como“likes” o las visualizaciones, se refuerza una dependencia emocional hacia la aprobación digital, afectando la autoestima y las habilidades sociales en etapas formativas e incluso en adultos.
Hay que tener en cuenta los efectos del scrolling sobre todo al dar dispositivo y accesos a redes a las infancias, monitorear que ven y cuánto tiempo lo hacen. De igual manera queda la pregunta en el aire ¿Estamos ofreciendo suficientes espacios fuera de las pantallas que estimulen la curiosidad, la creatividad y la convivencia real?
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.