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PACHUCA, Hgo., 5 de enero de 2026.- Más allá de ser un pan dulce de temporada, la Rosca de Reyes se erige como el eje central de la convivencia en México al iniciar el año. Este 6 de enero, millones de hogares, oficinas y espacios públicos en el estado de Hidalgo y en todo el país cumplirán con el rito de la "partida de rosca", una costumbre que entrelaza la fe católica con un compromiso gastronómico ineludible.
La fecha no es fortuita; el 6 de enero conmemora la Epifanía, el pasaje bíblico que narra el encuentro de Melchor, Gaspar y Baltasar con el niño Jesús. Según la tradición, la forma circular u ovalada de la rosca simboliza el amor infinito de Dios, una figura sin principio ni fin que se decora con frutas cristalizadas, las cuales representan las joyas de las coronas de los monarcas de Oriente.
Sin embargo, el elemento que genera mayor expectativa es la figura oculta en la miga. Este pequeño objeto representa el momento en que Jesús fue escondido para salvarlo de la persecución del Rey Herodes. Encontrar esta figura al cortar la rebanada no es solo cuestión de suerte, sino el inicio de un compromiso social profundamente arraigado en la cultura mexicana.
En México, la tradición de la rosca funciona como un puente festivo. Quienes resultan seleccionados por la figura del Niño Jesús adquieren la responsabilidad de "apadrinar" la próxima celebración: el Día de la Candelaria, el 2 de febrero.
Este compromiso implica tradicionalmente la compra o elaboración de tamales y atole, una práctica que asegura la continuidad de las reuniones familiares y fortalece la economía de los productores locales de alimentos. Así, la Rosca de Reyes deja de ser un simple postre para convertirse en un contrato de convivencia que define la agenda social de los mexicanos durante las primeras semanas del año.
Acompañada de chocolate caliente o café de olla, la partida de la rosca sigue siendo, en pleno 2026, el símbolo más potente de comunidad y herencia cultural en la nación.