Palabras y juicios irredentes
PACHUCA, Hgo., 26 de enero de 2026.- Hablamos en muchos foros sobre la salud mental, pero muchas veces no nos detenemos para saber si alguno de nuestros hijos o incluso nosotros, tenemos una buena salud mental. La depresión puede iniciar en la niñez. Invisible. Apenas perceptible. En el salón de clases. En el recreo. En esa etapa donde nadie vio nada... porque no había nada que ver. O eso pensamos. Y ahí está el error que seguimos cometiendo.
Creemos que la salud mental infantil es un asunto clínico. Que aparece cuando el daño ya es evidente. Que corresponde a psicólogos y psiquiatras. Pero, en el caso de muchas niñas, la historia comienza y se aprende a ocultar en la escuela. La escuela no solo enseña matemáticas y gramática. Enseña qué emociones caben y cuáles sobran. Muchas niñas aprenden pronto un manual invisible: si eres buena, no molestas; si te equivocas, fallas; si lloras, incómodas; si te callas y cumples, vales. Ese aprendizaje no sale en el boletín, pero modela cómo gestionarán su malestar durante años. Porque cuando las niñas sufren, rara vez lo hacen hacia afuera. Lo hacen hacia adentro.
De forma general -no absoluta- hay un patrón que se repite: Los niños externalizan el malestar: interrumpen, se rebelan, desafían. Las niñas lo internalizan: ansiedad, culpa, tristeza, perfeccionismo, retraimiento, dolores físicos sin causa médica clara. En el aula esto tiene una consecuencia decisiva: Lo que molesta, se corrige. Lo que se calla, se aplaude. Una niña que "no da problemas" es una niña que está sola con su tristeza.
Pedir ayuda que en realidad es vergüenza y autoexigencia. Llorar por fallar que en realidad es autoestima frágil. Complacer a todos que en realidad es necesidad constante de validación. Dolores frecuentes que en realidad son ansiedad somatizada. Estudios han vinculado este patrón con mayor vulnerabilidad a la depresión. Traducción escolar: una niña puede sacar diez y aun así sentirse un fraude.
Lo que ocurre cuando nadie lo detecta El malestar ignorado rara vez desaparece. Se transforma en: Ansiedad crónica. Depresión en preadolescencia y adolescencia. Trastornos alimentarios. Autolesiones. Ideas de muerte cuando se suma desesperanza y aislamiento. Cuidar la salud mental protege el aprendizaje. No hace falta convertir el aula en un consultorio. Hace falta cambiar el foco. Además de preguntar "¿quién está molestando?", empezar a preguntar: ¿quién está demasiado callada, demasiado correcta, demasiado perfecta?
Por lo que, es muy importante capacitar a docentes para reconocer ansiedad internalizada. Tener una ruta clara de apoyo entre escuela y familia. Normalizar el error. Enseñar regulación emocional básica. Crear espacios de tutoría emocional.
La salud mental de las niñas no empieza en el consultorio. Empieza en el aula. Empieza en casa. Empieza cuando alguien decide mirar donde casi nadie mira. Ojalá hoy podamos hacerlo a tiempo.
Las de chile seco
En México, cuatro de cada 100 niñas, en edad escolar, ya muestran señales de depresión.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.