Filosofía sin escrúpulos
PACHUCA, Hgo., 4 de febrero de 2026.- Nuestra Constitución fue promulgada el 5 de febrero de 1917 y entró en vigor el 1 de mayo de aquel año. Este ordenamiento que es el más importante de nuestro país, surgió como respuesta a la Revolución Mexicana y porque la constitución de 1857 ya no respondía a las necesidades del México posrevolucionario.
Al entregar ante el Congreso su proyecto de Constitución, Venustiano Carranza detalló las principales fortalezas de la nueva Ley, entre las que destacaron el juicio de Amparo que buscaba proteger de manera efectiva al individuo y sus libertades, de los abusos de la autoridad; la auténtica división de poderes, para que el poder judicial y el legislativo no estuvieran supeditados a las órdenes del poder ejecutivo; que las entidades estatales verdaderamente fueran libres y soberanas, ajenas al poder y ambición central y, que nuestra forma de gobierno fuera la República.
Debemos considerar que en esas fechas nuestro país vivía movimientos sociales que demandaban el reconocimiento de derechos sociales que justamente quedaron plasmados en la Constitución. En su discurso, el presidente Carranza proclamó a la libertad humana y su protección por parte del Estado como la principal tarea del gobierno, criticando severamente lo que consideraba como “despotismo militar enervado”.
Este año nuestra Carta Magna cumple 109 años de haber sido creada y la pregunta que queda en el aire es si en verdad se han cumplido los anhelos que el pueblo mexicano plasmó a través del Constituyente de 1917. Es importante reflexionar si las reformas realizadas a nuestro texto supremo han sido respetadas o se ha tratado de operaciones quirúrgicas que han transformado su espíritu.
Desde su entrada en vigor hasta nuestros días se han realizado cientos de reformas a la Constitución, y desde la llegada de la nombrada 4T al poder se han realizado más de 177 reformas, adiciones y derogaciones a diversos artículos, algunas criticadas como la Reforma Judicial porque atentan contra el principio de separación de poderes.
Varias de las cuestionadas reformas impulsadas por Morena parecieran llevar a México a los tiempos previos a la Constitución de 1917, sin división de poderes, con ejercicios de poder centralizados y funciones concentradas que recuerdan al gobierno del siglo XIX.
El Constituyente expresó en su obra, la independencia de los poderes públicos, lo que en la actualidad ha sido vulnerado, debido a que la Reforma Judicial restó independencia a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y hoy vemos una Corte que responde a los intereses del poder ejecutivo sin entrar en planteamientos que analicen exhaustivamente el fondo jurídico y no político de cada caso.
Por otro lado, las reformas a la Ley de Amparo constituyen, en algunos casos, “trabas” al juicio que durante décadas fue garante de los derechos del pueblo mexicano y le restaron autonomía para resolver a los jueces. En cuanto a seguridad se refiere, las últimas reformas devolvieron a los militares a las calles, quienes ahora dependen de un mando militar, de la Guardia Nacional, ya no de un civil, como las corrientes internacionales consideran sería lo más adecuado.
De la independencia del poder legislativo ya ni hablamos, apenas el pasado fin de semana en San Quintín, Baja California, la presidenta de la República reprendió a legisladores locales y a un Senador públicamente, lo que se traduce en que dicho ideal de poderes públicos independientes sólo está en el papel, pero ha dejado de ser verídico en los hechos.
Cómo sociedad debiéramos estar más conscientes y ocupados de la vida política del país porque al final de cuentas es lo que marca el rumbo del gobierno que tenemos y de los que vendrán, porque tal como lo señaló el presidente Carranza: “Para ser libre no basta quererlo, sino que es necesario también saberlo ser”
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.