Palabras y juicios irredentes
PACHUCA, Hgo., 10 de febrero de 2026.- A mediados del siglo XIX, una nueva corriente de pensamiento en Europa buscaba eficientar los sistemas democráticos, garantizando que las voces de las minorías resonaran en las cámaras de representantes. Dinamarca es reconocida como la pionera en acuñar el principio de representación proporcional, un sistema que Países Bajos retomaría, perfeccionaría y aplicaría en sus elecciones de 1918. Mientras tanto, México se debatía entre los estragos y los beneficios de una Revolución que marcó su rumbo, cerrando un ciclo de estabilidad porfirista para abrir otro de turbulencia política.
La democracia en nuestro país, aún en sus albores, operaba bajo el dominio de un partido hegemónico. La alternancia era una quimera y las minorías carecían de voz real; la dirección del gobierno era decidida por las mayorías representadas por una única fuerza política. Esta realidad impulsó la fundación del Partido Acción Nacional (PAN) en 1939, erigiéndose como la respuesta de una oposición agotada por la concentración del poder.
El cambio trascendental llegó en octubre de 1977, cuando el entonces presidente José López Portillo presentó ante la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma política a la Constitución. Por primera vez en la historia del país, se proponía la representación proporcional, estableciendo 300 distritos federales electorales con igual número de diputados por mayoría relativa, a los que se sumarían 100 diputados de representación proporcional, asignados según su votación nacional y bajo ciertas condiciones.
La exposición de motivos de aquella reforma constitucional ideada por don Jesus Reyes Heroles, fue contundente: buscaba "una mejor integración del sistema de libertades y del sistema democrático que nos rigen, respetando el derecho de las minorías a preservar su identidad y a manifestarse sin cortapisas", advirtiendo también sobre la necesidad de evitar el abuso de las mayorías.
El número de diputados de representación proporcional no tardó en expandirse. El 15 de diciembre de 1986, a través de un decreto en el Diario Oficial de la Federación, se reformó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para aumentar su número a 200. Así, hasta la fecha, el Congreso de la Unión se integra por 300 diputados de mayoría relativa y 200 diputados de representación proporcional, distribuidos en cinco circunscripciones regionales.
Es fundamental recordar que, según diversos autores, los derechos humanos deben ser siempre progresivos. El derecho a la participación ciudadana en la vida política es un derecho humano de primera generación, como lo expuso Karel Vasak.
Lamentablemente, se vislumbra una nueva reforma electoral impulsada por Morena que pudiera pretender eliminar a los legisladores plurinominales. Aunque no se han especificado los artículos a reformar ni los motivos exactos, la preocupación crece.
De concretarse este cambio, se estaría atentando directamente contra la esencia de la democracia en nuestro país, entendida como el gobierno del pueblo, para el pueblo, con el pueblo y por el pueblo. Más allá de los desafíos económicos, políticos y sociales, en el ámbito legal se produciría un retroceso en materia de derechos humanos y un duro golpe a la pluralidad, permitiendo que un solo partido político y sus allegados decidan unilateralmente el destino de la nación.
Una muestra de lo regresiva que es la propuesta de reforma electoral, es que los partidos verde ecologista y del trabajo, que son eternos aliados del partido en el poder, el 9 de febrero se levantaron de las mesas de negociación arguyendo que votar a favor de dicha reforma sería votar contra México.
Debemos mantenernos críticos, revisar y cuestionar a nuestros representantes populares. Analicemos y no nos dejemos engañar por reformas cuyo único fin es hegemonizar un partido, silenciar a las minorías y perpetuarse en el poder mediante el autoritarismo. Porque, como bien dijo don Jesús Reyes Heroles, artífice de la representación de las minorías en este país: “ La política demanda pasión, pero, a la par, mesura, sosiego interno, dominio de sí mismo, para no intentar dominar a otro u otros; aspirar a dominar las cosas y no a los hombres”.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín