“¿Realmente ha disminuido el presupuesto de salud?”
PACHUCA, Hgo., 23 de febrero de 2026.- En la administración pública continuamente buscamos construir algo nuevo, un sello propio, aunque en ocasiones lo que falta es ordenar lo existente. En la educación artística buscamos crear programas, lanzar talleres, inaugurar cursos, diplomados, eventos, como si cada ciclo empezara desde cero. Sin embargo, niñas, niños, jóvenes y adultos ya están aprendiendo música en una casa de cultura, danza en un auditorio municipal, pintura en un salón prestado. El aprendizaje ya ocurre. Lo que no siempre existe es el sistema que lo alimente.
Un taller no es política pública, un festival formativo no es un modelo educativo. Son acciones importantes, sin embargo aisladas; sin reglas, continuidad y responsabilidades definidas, dependen más de la voluntad de quien coordina que de una obligación institucional.
Conviene entonces cambiar las preguntas desde donde partimos, pasar de “¿cuántos cursos abrimos este año?” a “¿qué condiciones aseguramos para que alguien pueda formarse el tiempo necesario?”. Dejar de querer mostrar espacios llenos una vez, sino una población que desarrolla su potencial a lo largo de varios años.
Hablar de un Sistema Estatal de Educación Artística, no alude a más actividades, sino a reglas claras: atribuciones, presupuesto, perfiles docentes, planes formativos, evaluación. Es decir, institucionalizar procesos, esto asegura que aún con cambios de titulares de las administraciones, la formación continúe.
Un sistema de educación artística podría articular desde la iniciación artística hasta la profesionalización; reconocer saberes comunitarios junto a técnicas académicas; certificar competencias; vincular egresados con la economía creativa, resignificar procesos. No solo produciría artistas, sino comunidad: disciplina, colaboración, identidad.
Los retos para lograrlo se centran en ordenar la dispersión, formalizar a quienes instruyen, homologar criterios, simplificar trámites, digitalizar registros y evaluar resultados.
La educación artística está presente en diversos espacios, sucede día a día, lo que falta es darle forma. Pasar de esfuerzos aislados a un sistema, de una actividad a asegurar un derecho, de la buena intención a la estructura. Cuando el arte se sostiene en instituciones sólidas, deja de ser un programa pasajero y se convierte, por fin, en una política pública que permanece.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.