Filosofía sin escrúpulos
PACHUCA, Hgo., 2 de marzo de 2026.- ¿Les ha pasado que, al platicar con alguien, de pronto pone pausa y termina uno adivinando las palabras que la otra persona, quiere decir? Busca una palabra que no llega, repite las mismas expresiones, se enreda al intentar describir una idea que aparentemente domina. Ocurre también en muchas personas con responsabilidad pública que al leer en voz alta, omiten comas, se atropellan puntos, se pierden acentos y el sentido del texto se diluye. No es casualidad ni falta de inteligencia. Es, en muchos casos, una consecuencia directa de la escasa práctica de leer.
Si. La lectura no solo nos enseña a pronunciar palabras: nos moldea el pensamiento, organiza las ideas y amplía nuestro vocabulario para nombrar el mundo con mayor precisión. Cuando esta práctica es limitada, el lenguaje se empobrece y, con él, la capacidad de comprender, explicar y argumentar.
Hace unas semanas, durante el encuentro internacional “Alfabetización, equidad y futuro” en Brasilia, la Directora General de Desarrollo Curricular de la SEP reconoció que cerca del 30% de estudiantes de quinto y sexto de primaria en México no comprenden realmente lo que leen. Es decir, tres de cada diez niñas y niños pueden decodificar palabras, pero no logran interpretar ideas, inferir significados ni relacionar información del texto. No hablamos de analfabetismo tradicional, sino de analfabetismo funcional: leer sin comprender.
Los datos de evaluaciones nacionales e internacionales confirman que no se trata de un fenómeno aislado. Históricamente, la prueba PLANEA demostró que una proporción relevante de los estudiantes se concentra en niveles insuficientes y básicos, con dificultades para interpretar textos informativos y narrativos. La prueba PISA, por su parte, ha evidenciado problemas persistentes para localizar información implícita, evaluar argumentos o identificar el propósito de un texto. Pero lo más preocupante, es lo que afirma el Banco Mundial: leer sin comprender plenamente, se asocia con menor productividad laboral, menor participación cívica informada y mayor vulnerabilidad a la desinformación.
Este diagnóstico revela tres problemas profundos. Primero, existe una cadena persistente de rezago lector que no es reciente, sino acumulativo y multicausal: desigualdad social, prácticas pedagógicas diversas y escasa lectura por voluntad propia fuera de la escuela. Segundo, el desafío no es únicamente enseñar a leer, sino enseñar a comprender; es decir, transitar de una alfabetización mecánica a una alfabetización cognitiva y crítica. Y tercero, la comprensión lectora es la base de todo aprendizaje escolar: un déficit lector afecta el desempeño en ciencias, en matemáticas, en historia y, posteriormente, en la educación superior.
La investigación internacional es prácticamente unánime: la lectura es una competencia fundacional, la llave de acceso al currículo. Sin comprensión lectora, interpretar un problema matemático, analizar una explicación científica o reflexionar sobre un texto histórico se vuelve una tarea cuesta arriba. Por eso, enseñar a leer no es responsabilidad exclusiva de la asignatura de lengua, sino de todo el sistema educativo.
Pero la lectura no solo forma mentes más capaces; también forma personas más empáticas.
En el plano democrático, el impacto es aún más evidente. Una sociedad que no comprende lo que lee difícilmente puede analizar información pública, distinguir entre evidencia y opinión o evaluar discursos políticos. Sin comprensión lectora, la participación ciudadana se vuelve superficial y vulnerable a la manipulación.
Cuando dejamos de leer, no solo se reduce el vocabulario. Se debilita la capacidad de comprender el mundo, de argumentar con claridad, de tomar decisiones informadas y de participar plenamente en la vida social y profesional. Por eso, el desafío educativo no es menor: no basta con que los estudiantes sepan leer en voz alta; es indispensable que comprendan, interpreten y reflexionen sobre lo que leen.
Las de chile seco
“No se vale opinar, sin leer”.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.