“¿Realmente ha disminuido el presupuesto de salud?”
PACHUCA, Hgo., 3 de marzo de 2026.- Recuerdo el año de 1999, cuando entré a una sala de cine en Tulancingo para ver “La Ley de Herodes”. Al terminar la función, salí completamente ofuscado por lo que acababa de presenciar: un México que, afortunadamente, no me tocó conocer. La increíble interpretación de Damián Alcázar como Vargas me dejó helado; un hombre que, sin mérito alguno, se convierte en presidente municipal de un pueblo desolado, sin recursos, sin obras, sin escuelas y, lo más grave, sin una ley que no fuera la suya. En ese lugar, la voz de las minorías simplemente no existía, era un eco sordo que nadie escuchaba.
Hoy, afortunadamente, nuestro país ha construido a lo largo de los años instituciones fuertes y consolidadas, un mundo aparte de la desoladora ficción de aquella película. Sin embargo, esa vieja sensación de inquietud regresa a mí al analizar la reciente iniciativa de reforma electoral que la Presidenta de la República ha enviado a la Cámara de Diputados.
La propuesta incluye cambios significativos a ocho artículos de nuestra Constitución. Entre los más notorios, se plantea reducir el número de senadores de 128 a solo 96, eliminando por completo a los senadores de las listas plurinominales. La nueva Cámara Alta estaría compuesta por 64 senadores de la fórmula ganadora en cada estado y 32 de la primera minoría. Para los diputados federales, aunque el número total de 500 se mantiene, la composición cambia: 300 serían los ganadores de cada distrito, 97 escaños se darían a los mejores segundos lugares, 95 seguirían siendo plurinominales y se sumarían 8 diputados para mexicanos que viven en el extranjero.
La reforma también llega hasta los municipios, proponiendo una reducción de regidores. Solo las ciudades con más de quinientos mil habitantes podrían tener hasta 15. Esto significa que en estados como Hidalgo, donde ninguna ciudad alcanza esa cifra, los municipios más grandes tendrían apenas 10 asambleístas: 6 para el partido ganador y 4 a repartir entre todos los demás. Se añaden otros puntos, como la prohibición de la reelección inmediata a partir de 2030 y un candado para que familiares cercanos de los gobernantes no puedan postularse al mismo cargo. También hay aspectos que suenan bien, como que ningún funcionario electoral gane más que la Presidenta, que se disminuya la publicidad de los partidos y que las donaciones sean exclusivamente electrónicas para mayor transparencia, eliminando de paso el PREP para sustituirlo por cómputos distritales inmediatos.
Pero más allá de los detalles técnicos, es imposible no percibir la intención de fondo. Siento que esta reforma pretende acallar a las minorías, y que aquellas que logren sobrevivir queden reducidas a un simple adorno, sin voz real y con un voto que se perderá ante una mayoría avasallante. Nuestro país carga con una larga historia de abusos de poder, de golpes a la democracia y de silenciamiento a quienes piensan distinto. Por esa misma razón, considero que no podemos permitirnos una reforma como la que se plantea, pues atenta directamente contra los derechos fundamentales y el espíritu progresista por el que hemos luchado como sociedad, y nos acerca peligrosamente a ese México de ficción que un día vi en el cine.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.