Filosofía sin escrúpulos
PACHUCA, Hgo., 10 de marzo de 2026.- Como padre de una niña de 9 años, mi mayor anhelo es el de muchos: que mi hija crezca feliz y segura, que aprenda de sus propios errores y que enfrente los desafíos naturales de la vida con resiliencia. Pero mi esperanza se topa, una y otra vez, con un miedo persistente: que un día le falten al respeto, la maltraten o, en el escenario más aterrador, la asesinen. Esta preocupación es un eco doloroso para incontables padres y madres en México.
Recuerdo vívidamente un viaje a París. Mi hija, entonces de 7 años, vio a tres jóvenes caminando solas a medianoche cerca del metro. Con la inocencia que solo una niña puede tener, me preguntó por qué ellas podían hacer eso si en "nuestra ciudad no se podía". Ella, afortunadamente, aún no comprende la compleja y dolorosa realidad de la inseguridad que, lamentablemente, impide a tantas mujeres en México disfrutar de la libertad de transitar sin miedo, especialmente al caer la noche.
Los datos no mienten, y son alarmantes. En 2025, México registró más de 5 mil asesinatos de mujeres, de los cuales 597 fueron tipificados como feminicidios, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Una estadística desoladora que debería movernos a la acción como sociedad.
La paradoja es impactante: a pesar de esta cruel realidad en la seguridad de las mujeres, México es considerado uno de los países más felices del mundo. El Informe Mundial de la Felicidad (World Happiness Report) de 2025 nos ubicó en el décimo lugar global. ¿Cómo podemos explicar una contradicción tan profunda?
Quizás nuestra rica cultura, nuestras vibrantes tradiciones y esa hospitalidad tan característica de los mexicanos contribuyen a esa percepción de felicidad. Sin embargo, es innegable que, como sociedad, tenemos una deuda urgente con las mujeres, un grupo que sigue enfrentando una violencia sistemática.
Es cierto que en los últimos siete años hemos sido testigos de importantes avances legislativos a favor de las mujeres en México:
Mi deseo más profundo es que mi hija, al crecer, pueda vivir su vida sin restricciones, disfrutar de cada momento sin importar el lugar, la hora o la compañía. Es una pregunta que todos los mexicanos debemos hacernos: ¿qué estamos haciendo para asegurar esto? Y, más importante aún, ¿estamos dispuestos a definirnos, de una vez por todas, a favor de los derechos y las oportunidades plenas de las mujeres?
Pero, en medio de estos avances, surgen preocupantes señales de alerta. A un año de que la Secretaría de las Mujeres federal asumiera el seguimiento de estas políticas, los avances tangibles son esquivos. Peor aún, la reforma al artículo 23 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia elimina la obligación expresa de los estados de informar semestralmente sobre el cumplimiento de las medidas de alerta de género. Este paso atrás es incomprensible y pone en grave riesgo la transparencia y la rendición de cuentas en un tema de vida o muerte.
El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, una lucha iniciada por mujeres valientes a finales del siglo XIX y principios del XX para lograr mejores condiciones sociales, de seguridad y político-electorales. La pregunta sigue en el aire: ¿En México, hemos avanzado real y efectivamente, jurídica y socialmente, a favor de las mujeres? La respuesta, en la vida de miles de ellas, aún parece estar lejos de ser afirmativa.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.