Ayotzinapa entre sombras: La deuda de AMLO
PACHUCA, Hgo, 08 de junio del 2026.- Cada mes, sin falta, mi madre compra medicamentos. No importa si es enero o diciembre. Siempre hay algo que necesita: una caja para la presión, otra para el dolor, alguna vitamina, algún tratamiento que el médico recomendó. Es una rutina que se ha vuelto parte de la economía familiar.
Lo mismo ocurre con muchos amigos cercanos. Cada mes destinan parte de sus ingresos a farmacias, consultas médicas o tratamientos que, en muchos casos, acompañarán el resto de sus vidas. Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿En qué momento dejamos de aprender a cuidar nuestra salud?
México destina miles de pesos al año por persona en medicamentos y atención de enfermedades. Si una familia está compuesta por tres adultos, la cifra se multiplica rápidamente. Detrás de esos números existen historias, preocupaciones económicas, angustias familiares y una realidad que parece normalizada: esperar a enfermarnos para actuar.
Durante años hemos construido sistemas que reaccionan ante la enfermedad, pero hemos dedicado muy poco esfuerzo a enseñar cómo prevenirla.
La pandemia nos dejó una lección dolorosa. Miles de familias perdieron seres queridos. Millones de personas gastaron cantidades importantes de dinero en cubrebocas, medicamentos, consultas y tratamientos.
Mientras tanto, las grandes industrias farmacéuticas registraban ganancias históricas. Más allá de cualquier debate, la pregunta sigue vigente: ¿Y si comenzáramos mucho antes? ¿Y si la prevención empezara desde la infancia?
Resulta paradójico. Pasamos años enseñando a los niños a conocer el mundo, pero dedicamos muy poco tiempo a enseñarles a conocerse a sí mismos. La evidencia científica es contundente. Las personas con mayores niveles de alfabetización en salud desarrollan mejores hábitos alimenticios, realizan más actividad física, utilizan adecuadamente los servicios médicos, previenen enfermedades crónicas y presentan mejores indicadores de salud mental.
No se trata de convertir a los niños en médicos. Se trata de formar ciudadanos capaces de tomar decisiones informadas sobre su bienestar. Por ello, estoy convencida de que la educación básica debería incorporar de manera formal la alfabetización en salud como una competencia fundamental para la vida.
Desde la primaria, los estudiantes podrían aprender cómo funciona su cuerpo, la importancia de cada órgano, la relación entre alimentación y salud, los beneficios del movimiento diario y las señales básicas de bienestar o enfermedad.
Pero la salud no termina en el cuerpo. La salud mental merece el mismo nivel de atención. Nuestros niños enfrentan hoy desafíos que generaciones anteriores apenas imaginaban: ansiedad, estrés, presión social, sobreexposición tecnológica y dificultades para gestionar emociones cada vez más complejas.
La salud personal no es un tema separado de la educación. Es una condición indispensable para que el aprendizaje ocurra. México enfrenta actualmente enormes retos de salud pública: obesidad infantil, diabetes, enfermedades cardiovasculares, sedentarismo, ansiedad, depresión y una creciente desinformación en temas relacionados con el bienestar.
Mientras tanto, destinamos miles de millones de pesos al tratamiento de enfermedades que podrían reducirse significativamente mediante estrategias preventivas implementadas desde edades tempranas.
La prevención no comienza en los hospitales. Comienza en las aulas. Cada niño que aprende a leer adquiere una herramienta para comprender el mundo. Cada niño que aprende a cuidar su salud adquiere una herramienta para proteger su vida.
Imaginemos por un momento a una generación que entienda cómo alimentarse, cómo gestionar sus emociones, cómo identificar información confiable sobre salud y cómo construir hábitos que la acompañen durante décadas. Imaginemos cuántas enfermedades podrían evitarse.
Cuánto sufrimiento podría reducirse. Cuántos recursos familiares podrían destinarse a proyectos, educación o bienestar en lugar de tratamientos evitables.
Las de chile seco México gasta miles de millones en tratar enfermedades. Tal vez ha llegado el momento de gastar más en enseñar salud y menos en comprar medicamentos.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.