Filosofía sin escrúpulos
PACHUCA, Hgo., 13 de julio de 2026.- El Día del Abogado en México no es solo una celebración, sino una invitación a reflexionar sobre el invaluable papel de quienes protegen los derechos, fortalecen el Estado de derecho y trabajan para que la justicia sea un principio que alcance a toda la sociedad. El 12 de julio condensa la historia de la abogacía en México.
El 12 de julio de 1553 se impartió por primera vez en América la cátedra de Leyes en la Real y Pontificia Universidad de México, a cargo del licenciado Bartolomé de Frías y Albornoz. Aquella lección, conocida como Prima de Leyes, introducía los principios fundamentales del Derecho Romano. Dicho recinto educativo es el primer antecedente de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Más de cuatro siglos después, en 1960, el presidente Adolfo López Mateos decretó oficialmente el 12 de julio como Día del Abogado. La fecha se formalizó tras la petición de un comité encabezado por el fundador del Diario de México, para honrar aquella primera cátedra. 
En estricto sentido, abogado proviene del latín advocatus, el llamado a auxiliar, el que habla por otro. No es el demandado ni el demandante, sino quien asume técnicamente la defensa de intereses ajenos, razón por la cual, sólo quienes defienden los intereses de terceros son abogados.
Conviene recordar que durante siglos el ejercicio forense no se retribuía con honorarios fijos. El abogado recibía dádivas por sus servicios o por las lecciones que impartía a los discípulos que lo acompañaban al foro. De ahí la dimensión ética que la tradición atribuye a una profesión dignificada por algunos y mancillada por otros.
En la historia han existido grandes abogados como Marco Tulio Cicerón. Fue Orador y abogado por excelencia, Cicerón representa el poder de la palabra forense. Asesinado en el año 43 antes de Cristo, durante las proscripciones del Segundo Triunvirato, sus asesinos le cortaron la cabeza y las manos y las exhibieron en el Foro. El historiador Dion Casio relata que Fulvia, esposa de Marco Antonio, atravesó su lengua con sus horquillas de oro como última venganza contra su elocuencia, o con un punzón de oro. Más que una mutilación, fue un símbolo para castigar la lengua que había hecho temblar al poder.
Otro gran personaje fue San Agustín de Hipona y la leyenda del defensor arrepentido. San Agustín no fue abogado en sentido moderno. Fue estudiante y profesor de gramática y retórica en Cartago, Roma y Milán, formación que él mismo criticaría después en su obra Confesiones. 
Sobre él circula una poderosa leyenda, muy citada en discursos de la profesión.
Cuenta la leyenda que, antes de dedicarse a la Iglesia, Agustín se convirtió meteóricamente en un gran abogado y orador. Un día habría defendido a un hombre acusado de golpear y amenazar a su esposa, logrando convencer al tribunal de su inocencia. Poco después se habría enterado de que su cliente cumplió sus amenazas y mató a su esposa, lo que le produjo una crisis existencial que lo llevó a abandonar las leyes y dedicar su vida a Dios.
Esta narración es un relato apócrifo que utiliza el nombre de Agustín como parábola moral sobre la responsabilidad del defensor. Refleja un temor real del abogado que es el límite entre defender un derecho y cargar con el uso que el cliente hace de su libertad.
Esas historias, depuradas de mito, iluminan el inicio de muchos juristas con sueños y sed de justicia que el tiempo y un sistema viciado ponen a prueba, sin que deba olvidarse nunca el deber de representación digna del patrocinado.
Hoy, en México, ese deber se ejerce en condiciones difíciles. La violencia es más extrema y, en ocasiones, quienes se sienten mal representados cometen delitos crueles contra sus propios abogados o los de la contraparte. Ante ello, conserva plena vigencia el mandamiento más citado de Eduardo J. Couture: Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho; pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la justicia, lucha por la justicia. 
Cada derecho defendido, cada injusticia enfrentada y cada voz que encuentra justicia lleva detrás el compromiso de un abogado.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.