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PACHUCA, Hgo., 17 de agosto de 2026.- Vi el manual. Parece anticuado. El Manual de Carreño, ese libro que en algún momento nuestros padres o abuelos nos recomendaron leer y seguir como ley: reglas sobre cómo sentarse, saludar, no ofender en una cena. Cosas de otro siglo, pensé. Y sin embargo, cada vez que silencio el celular en una reunión o pienso dos veces antes de mandar un mensaje a las once de la noche, ahí está él, susurrando normas escritas para un mundo sin pantallas.
Porque Carreño no hablaba de modales. Hablaba de no incomodar al otro. Esa idea no ha envejecido; lo que cambió fue el escenario.
El aseo ahora es la huella digital
Carreño insistía en la ropa limpia y los gestos decorosos porque el cuerpo hablaba antes que la boca. Hoy el cuerpo se llama perfil. Esa foto de hace ocho años, ese post que subiste furioso un martes, también presentan a alguien. Su regla de “no causar mortificación a nadie” hoy es: piensa antes de publicar. Y deja de saturar los grupos con spam que nadie pidió.
Escuchar ya no es solo callarse
Carreño pedía no interrumpir y moderar el tono. En un chat grupal eso se traduce en no ametrallar con veinte mensajes seguidos y respetar los turnos. En redes, la versión moderna es hablar con respeto incluso —sobre todo— cuando el otro piensa exactamente al revés que tú.
La videollamada es la nueva sala de visitas
Antes importaba el comportamiento en una visita; ahora esa visita es una videollamada: llegar a tiempo, cuidar el fondo, revisar el audio, no convertir 30 minutos en un monólogo. El fondo desordenado de hoy es la casa sin barrer de ayer.
Lo que realmente hace falta
No se trata de prohibir ni censurar —eso también sería mala educación-, al revés. Se trata de traducir: un manual de urbanidad digital sobre tiempos de uso, lenguaje, cómo pedir permiso antes de sacar el celular en una junta, cuándo el silencio en un chat también comunica.
Hay espacio para la crítica, el desacuerdo, incluso la sátira con ingenio: eso invita a pensar. Lo que no cabe es el ataque constante disfrazado de opinión. Ahí empezamos a mortificar al otro. Y si algo nos enseñó ese manual, es que la buena educación nunca fue sobre las formas, sino sobre no olvidar que del otro lado hay alguien, precepto parece se olvida en la era tecnológica.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.