¡La Voz de la Igualdad!
No hay que normalizar los malos resultados
PACHUCA, Hgo.,14 de septiembre de 2026.- Imaginemos una secundaria mexicana el lunes siguiente a conocer los resultados de PISA. Son las ocho de la mañana. En un salón hay treinta adolescentes. La maestra escribe un problema en el pizarrón. Algunos buscan una libreta. Otros miran discretamente el celular debajo de la mesa. Uno pregunta qué operación debe hacer. Otro copia la respuesta de un compañero. Una alumna comienza a leer el problema, pero abandona a la mitad. La escena ayuda a entender los números de los resultados de la prueba PISA.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas y 408 en lectura en PISA 2025. Sólo tres de cada diez jóvenes alcanzaron el nivel básico en matemáticas y apenas la mitad en lectura. Podemos pasar los próximos meses buscando culpables. O podemos hacer algo más útil: volver a ese salón y preguntar cómo hacemos para que esos treinta alumnos aprendan más. Ésa debería ser la conversación después de PISA. Primer cómo: saber exactamente quién no está aprendiendo.
Durante las primeras semanas del ciclo escolar, cada niño debería realizar evaluaciones breves de lectura y matemáticas. No para llenar estadísticas ni castigar maestros. Para responder preguntas elementales: ¿quién puede leer con fluidez?, ¿quién comprende lo leído?, ¿quién domina las operaciones fundamentales?, ¿quién puede resolver un problema? El resultado tendría que llegar al maestro en días, no meses. Segundo cómo: actuar inmediatamente.
Regresemos al salón.
Supongamos que la evaluación descubre que ocho alumnos tienen un rezago serio en lectura. No pueden simplemente continuar con el programa esperando que algún día alcancen al resto. Quizá realizar con ellos, tutorías en grupos pequeños, treinta o cuarenta minutos varias veces por semana, con materiales estructurados y seguimiento frecuente. Seis u ocho semanas después se vuelve a medir. Quien avanzó regresa al ritmo normal. Quien no, recibe intervención más intensa. Diagnóstico. Intervención. Medición. Corrección. No parece revolucionario. Precisamente por eso funciona.
Tercer cómo: devolverle atención al aula. PISA encontró que nuestros estudiantes mexicanos utilizan dispositivos digitales en la escuela alrededor de 1.5 horas diarias para aprender y 1.2 horas para actividades recreativas. El 37% reporta que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos en las clases de ciencias; el promedio de la OCDE es 28%.
Eso no demuestra que el celular sea la causa del bajo desempeño mexicano. Pero sí demuestra algo más sencillo: estamos intentando enseñar en un ambiente que compite permanentemente por la atención del alumno. La solución tampoco requiere una cruzada contra la tecnología.
Al entrar al salón, el celular se guarda.
Puede existir un casillero, una caja individual o una mochila cerrada. Si el maestro necesita utilizarlo para una actividad, se saca. Terminada la actividad, vuelve a guardarse. Una regla comprensible para alumnos, padres y profesores: tecnología cuando sirve para aprender; fuera cuando compite con el aprendizaje.
Cuarto cómo: darle al maestro herramientas, no discursos. El profesor necesita saber qué debe aprender cada alumno durante el año, disponer de buenos materiales, recibir capacitación sobre contenidos concretos y contar con alguien que observe su clase y lo ayude a mejorar. PISA no es una sentencia contra los maestros ni contra nuestros niños.
De hecho, los propios estudiantes mexicanos reportan curiosidad, perseverancia y disposición para pedir ayuda. Eso hace todavía más dolorosa la pregunta: si quieren aprender, ¿por qué no estamos consiguiendo enseñarles mejor?
La respuesta está en miles de salones como aquél de las ocho de la mañana. En saber quién no entiende. En intervenir a tiempo. En enseñar bien lo fundamental. En apoyar al maestro. En proteger la atención. En medir nuevamente. Y en repetir el proceso hasta que funcione. PISA ya hizo su trabajo: nos mostró el problema. Ahora nos toca hacer el nuestro. Que guarden el celular. Que saquen los libros. Y que empiece la clase.
Las de chile seco
Lo más grave de PISA no son los malos resultados, sino que en México lleguemos a normalizarlos.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.