El futuro ya nos alcanzó
Los Códices Mexicanos (Parte I)
PACHUCA, Hgo., 13 de octubre de 2026.- A propósito del convenio entre el Gobierno de México y el de Francia para traer y exhibir temporalmente el Códice Azcatitlán en el Museo de Antropología e Historia en la Ciudad de México, surge la curiosidad de saber dónde se ubican otros códices mexicanos, dónde los puede ver y analizar el resto de la población que no vive en la cosmopolita ciudad capital. Desde el interior del país seguimos esperando eso que se nombra desde hace casi una década: “la descentralización de la cultura”.
Es por demás interesante el Códice Azcatitlán el cual se encuentra, de manera permanente, desde 1898 en la Biblioteca Nacional de Francia en el Fondo de Manuscritos Mexicanos. A pesar de que no es un códice prehispánico, pues se considera que éste fue elaborado entre finales del Siglo XVII y principios del XVIII, está confeccionado con las técnicas de los tlacuilos mexicanos en cuestión pictográfica y relativa al uso de pigmentos -destacan los colores negro, rojo, verde y amarillo-, con glosas en náhualt con el uso del alfabeto occidental, en papel español y en formato de libro.
En 20 fojas -algunos especialistas hablan de 25 y dos de ellas perdidas- se plasma la peregrinación azteca desde el mítico Aztlán (año 1168) hasta su llegada a México-Tenochtitlan; ilustra la sucesión de los tlatoanis; acontecimientos importantes en el periodo de su establecimiento; el desarrollo de su imperio hasta la llegada de los conquistadores y la evangelización que éstos realizaron. Es decir, presenta la historia del pueblo mexica durante cuatro siglos, con su organización social, religiosa, política y económica.
Por la datación del Códice Azcatitlán, la historiadora María Castañeda de la Paz considera que éste podría pertenecer a los códices Techialoyan, de los cuales, según diversos estudiosos, se puede ubicar su elaboración en el taller de don Diego García de Mendoza Austria Moctezuma, en Atzacoalco, contando con tlacuilos y escribanos, quienes realizaron cientos de códices para que los pueblos del centro de México (Ciudad de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Estado de México e Hidalgo) pudieran delimitar y reclamar sus tierras frente a los españoles, caciques y hacendados. Este tipo de códices coloniales se caracterizan por iniciar con la representación del linaje o árbol genealógico de los señores principales de la población natural u originaria, ilustran sus mitos fundacionales, es decir, su historia, para pasar en seguida a mostrar los pueblos más pequeños de los que están compuestos y las delimitaciones territoriales de la propiedad en disputa.
Los Techialoyan constituyen un grupo de códices que, pictográficamente, mezclan elementos figurativos prehispánicos con elementos de representación española, pues fueron elaborados después de haberse dado un gran sincretismo entre los pueblos originarios y los colonizadores. Los indígenas que participaban en su elaboración, ya para esos años eran diestros en técnicas europeas y buenos conocedores del alfabeto occidental, por eso importantes estudiosos de la historia mexicana los llaman los tlacuilo-amanuenses de la época colonial.
¿Por qué se les llama “Códices Techialoyan”? En 1948, Federico Gómez de Orozco estudió a profundidad el Códice de San Antonio de la Isla, del Estado de México, una población cuyo nombre originario era Techialoyan, fue así que al analizar otros códices con características similares los designó de esa manera. A través del conocimiento y la difusión de los códices, en la actualidad, muchas poblaciones han podido reconstruir sus historias y reforzar sus identidades.
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