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Derecho a la memoria
PACHUCA, Hgo., 19 de octubre de 2026.- Los museos de arte moderno colombianos rechazaron el retiro de 40 piezas del Museo Nacional ubicado en Bogotá, argumentando que “ningún gobierno debería decidir qué podemos ver”.
El presidente Abelardo de la Espriella prometió que su gobierno libraría una “batalla cultural” para recuperar valores como la familia, el mérito, la disciplina, el patriotismo y la fe. Su primer movimiento de “contrarrevolución cultural” fue quitar del museo piezas sobre la historia de las personas LGBTIQ+ y los movimientos feministas, como la bandera de la comunidad, un ejemplar del periódico Nuestras Mujeres, publicación de los años cincuenta que impulsó el voto femenino, y un afiche de las primeras luchas contra la violencia de género.
Entre las piezas desmontadas estaban la pluma hecha con una bala con la que se firmó el Acuerdo de Paz y el tarjetón de la Séptima Papeleta, la iniciativa ciudadana que desembocó en la Constitución de 1991.
Los encargados de los museos emitieron un comunicado en el que señalan que las obras de arte y los objetos de memoria hacen presentes experiencias, luchas y vidas que forman parte de Colombia. Retirarlos de la mirada pública no es una decisión curatorial: es una operación de olvido.
La discusión no es exclusiva de Colombia. En Francia, el sector cultural también enfrenta una creciente presión sobre la libertad artística y la autonomía de los museos. Un debate convocado por ICOM France y Artists at Risk Connection advirtió sobre la censura, la injerencia política y la autocensura como amenazas a la misión cívica de las instituciones culturales. Al mismo tiempo, estudiantes de la École du Louvre bloquearon el acceso al Museo del Louvre para protestar contra la represión policial y defender el derecho a estudiar, trabajar y vivir en condiciones dignas. Aún con las diferencias el fondo es el mismo: quién tiene autoridad para decidir qué historias merecen ser vistas.
Para América Latina, esta escena debe encender una alarma. Nuestras sociedades cargan heridas de violencia, dictaduras, exclusiones y pactos frágiles de paz. Resistir, desde la curaduría, la investigación, la docencia y la creación, es defender el derecho colectivo a la memoria.