Finalmente, no hubo sorpresa alguna en la elección de la dirigencia nacional del PRI. Gano Alejandro Moreno y se sacó la rifa del Tigre.

Gano la dupla Moreno-Viggiano, pero por amplio margen, pues obtuvieron más de 80 por ciento de los votos emitidos, dejando a la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega en un horroroso segundo lugar, con apenas un 10 por ciento de la votación.

Este triunfo del gobernador con licencia de Campeche, solo viene a demostrar que los priistas no cambian, o como dijo José Alfredo Jiménez, “nada les han enseñado los años, siempre caen en los mismo errores”.

Urnas embarazadas, robo de boletas, mapacheo, operación carrusel y todas las consabidas trampas que conocen muy bien los priístas para ganar.

No en balde la derrotada Ivonne Ortega, ya se dijo robada y engañada, pero como buena priista acepta y seguramente esperara a que más adelante le reconozcan su esfuerzo y le den oportunidad de seguir sirviendo a los mexicanos, o sea que le den un hueso.

La verdad es que lo mejor que puede hacer Ivonne Ortega, es aceptar que no se pudo, y como buena priista sabe de qué lado masca la iguana, conoce las reglas del juego que se metió a jugar y por lo tanto, conocía todos los riesgos y bien sabía que los dados estaban cargados.

Lo cierto es que Alejandro Moreno debe tener muy en cuenta que la tarea que le espera esta cuesta arriba y enlodado, pues no tendrá apoyo exterior, ni siquiera de los once gobernadores de corte priísta que dice que lo apoyan, pues ellos están más preocupados por sacar su chamba, que, por ayudar a su partido, además de que el destino que tenga el tricolor los tiene sin cuidado.

Entonces Alejandro Moreno va a tener que tejer muy fino para mantener a flote el barco priísta, de cara a las elecciones intermedias de 2021, para que no se hunda irremediablemente.

Seguramente el mal llamado Amlito, por el supuesto apoyo que tiene de López Obrador, sabe muy bien que una nueva derrota estrepitosa en el 2021, cuando se renovara la Cámara de Diputados, significaría la desaparición.

Amlito y el PRI se van a tener que rascar con sus propias uñas, pues, aunque para el año próximo van a recibir todavía unos 900 millones de pesos para operar, no le van a alcanzar para cubrir todas sus deudas y pagar los sueldos altísimos que cobran los que dizque dirigen al partido.

Tal vez lo que tendría que hacer la nueva dirigencia es pasar la charola entre sus militantes, no sólo los que mantienen un cargo de elección popular, sino también los que a través de los años se han llevado tantísimo dinero del presupuesto y hoy fingen demencia y hasta se hacen os ofendidos cuando les sacan los trapitos al sol, y estamos hablando de ex presidentes de la República, ex gobernadores, ex diputados, ex senadores, ex presidentes municipales y en fin todos los que saborearon las mieles del poder.

El problema va a ser convencerlos de que le tiene que devolverle al partido un poco de lo mucho que les dio.

Es que de nada va a servir el discurso y la promesa de cambia, para que la gente vuelva a votar mayoritariamente por el PRI o como le pongan si es que deciden cambiarle hasta el nombre y el modito de andar.

Para nadie es un secreto que en México las elecciones se ganan con dinero y eso no lo desconoce Alejandro Moreno.

No está de más recordar que la actual legislatura será la primera que se va a poder reelegir en el 2021, así de que para sacar a los más de 300 diputados de Morena que despachan en san Lázaro, va a estar en chino.

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