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PACHUCA, Hgo., 16 de septiembre de 2026.- Claudia Sheinbaum dio su segundo Grito de Independencia como presidenta, proclamando un México libre y soberano.
Entre las arengas que pronunció destacó a Antonia Nava de Catalán, conocida como “La Generala”, una mujer nacida en Tixtla, Guerrero, que luchó durante la gesta de Independencia.
Un año antes, también frente al Zócalo capitalino, mencionó entre sus arengas a personajes como Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra, así como a aquellas heroínas anónimas, las mujeres indígenas y las hermanas de los pueblos originarios.
En la política, la forma es fondo y los dos Gritos de Independencia que ha encabezado la presidenta han destacado por dos aspectos: arengas que han dado reconocimiento público a mujeres indígenas, luchadoras sociales y pueblos originarios. Personajes que no tenían visibilidad, porque lo que no se nombra no existe en el imaginario colectivo.
También destaca un estilo austero, sin personalidades de la política, el mundo empresarial o del espectáculo invitadas a Palacio Nacional. Parece superficial, pero las y los mexicanos padecemos de corta memoria.
En los sexenios gobernados por otras fuerzas políticas, el Grito en Palacio Nacional era una pasarela de personajes y banquetes.
El propio esposo de la presidenta, Jesús María Tarriba, ha tenido un papel discreto en dichos eventos y, en general, durante el mandato de Sheinbaum. Más discreto que la primera dama del sexenio anterior.
Esto no significa que, en el fondo, hayan desaparecido la corrupción, los excesos y las displicencias, particularmente de los hijos del expresidente López Obrador, que no comprenden el significado de la austeridad republicana acuñado por su padre. Además, son investigados en Estados Unidos junto con decenas de políticos del régimen actual.
Leer la forma en que se desarrolla la ceremonia del 15 de septiembre desde Palacio Nacional como un símbolo de verdadera austeridad republicana sería un error, pero se debe reconocer.
Sin embargo, en una nueva narrativa, donde los gobernados están cansados de una clase política corrupta y cínica, el Grito de Independencia es un símbolo de patriotismo que vive en el ADN de las y los mexicanos, al margen del partido en el poder. Las miles de personas que acuden al Grito año con año lo comprueban.
La clase política sigue en deuda con hacer realidad, para millones de personas, las arengas que se pronuncian desde hace 216 años, primero en Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia, y cada año en todos los municipios del país:
Viva la libertad, viva la igualdad, viva la justicia, viva la democracia, viva México libre, independiente y soberano”.