Economía de la Cultura
PACHUCA, Hgo. 18 de mayo del 2026.- El Mundial de Futbol 2026 no es solo un evento deportivo; es una vitrina global sin precedentes. Durante unas semanas, millones de personas de manera presencial y digital observarán nuestras ciudades, recorrerán sus calles, usarán su transporte y habitarán sus espacios públicos. La pregunta clave es inevitable: ¿qué ciudad queremos mostrarle al mundo?
La imagen urbana cobra aquí una relevancia estratégica. No se trata de maquillar la ciudad para un evento, sino de entender el Mundial como un proyecto cultural y urbano de largo alcance. Un buen legado no se construye con intervenciones aisladas, sino con la integración del diseño gráfico, el diseño industrial, arquitectura, el paisajismo, el arte con una curaduría bien desarrollada, la movilidad y el mobiliario urbano. Todo debe responder a una visión clara de ciudad.
El Mundial puede ser el catalizador para dejar atrás la improvisación. Hoy es común ver el abuso de murales sin tema, sin contexto y copiando estéticas del pasado. Bajo la lógica del "embellecimiento rápido", se pierde la oportunidad de construir identidad. Pintar por pintar no genera ciudad. En un evento de escala global, esta falta de discurso se vuelve evidente.
México ya demostró que puede hacerlo bien. Las Olimpiadas de 1968 entendieron el evento como una oportunidad cultural integral. Bajo la visión de Pedro Ramírez Vázquez y Matías Goeritz, la Ruta de la Amistad se concibió como un proyecto curatorial sólido, invitando a grandes artistas internacionales a desarrollar esculturas monumentales bajo un concepto común: la paz. Hoy esas obras son patrimonio cultural y un referente internacional de cómo un evento temporal puede dejar un legado permanente.
A la par, la imagen gráfica desarrollada por Eduardo Terrazas y Lance Wyman para México 68 marcó un antes y un después en la historia del diseño. Su sistema visual claro, contemporáneo, coherente y profundamente integrado al espacio urbano sigue siendo hasta nuestros días un referente internacional. No solo resolvía la comunicación del evento; construía identidad, ordenaba la ciudad y dialogaba con la arquitectura, la señalética y el movimiento de las personas. Esa visión integral del diseño gráfico como parte activa de la imagen urbana es una lección que el Mundial 2026 no debe ignorar. El reto actual debería estar a la altura de ese precedente.
El Mundial 2026 ofrece la oportunidad de pensar la ciudad como un sistema visual y espacial coherente: señalética clara y universal, mobiliario urbano bien diseñado, espacios públicos legibles, arte público con curaduría, conceptualización y una narrativa común que hable de diversidad, hospitalidad y contemporaneidad. No se trata de nostalgia, sino de aprender de un modelo que sigue vigente.
Una imagen urbana bien diseñada puede volver icónica a una ciudad, convertirla en referencia internacional y posicionarla como destino turístico cultural. El impacto va más allá del visitante: genera una "economía integral", donde el turismo, la cultura y la vida cotidiana se fortalecen mutuamente.
Pero el beneficio más profundo es social. Un proyecto urbano bien diseñado une a la sociedad. Mejora la movilidad, dignifica el espacio público, genera orgullo e identidad. El Mundial pudo haber sido ser el pretexto para invertir en la ciudad que se habita todos los días, no solo en la que se transmite por televisión.
El diseño, en este contexto, no es un lujo ni un adorno. Es una herramienta estratégica. El diseño define cómo nos movemos, cómo nos orientamos, cómo convivimos y cómo nos reconocemos como comunidad.
El Mundial 2026 pasará; lo que quedará será la ciudad. La decisión era clara: repetir soluciones rápidas y sin discurso, o asumir el diseño como en 1968, como un proyecto cultural que construya presente y futuro. Porque al final, el diseño no solo comunica eventos: define el mundo que queremos habitar después de ellos.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.