Que se vaya Taddei
PACHUCA, Hgo., 16 de febrero de 2026.- Ayer Mixquiahuala celebró 200 años de historia, una fecha mayor, cargada de símbolos, discursos y ceremonias solemnes, dos siglos que significan demasiado: son generaciones enteras construyendo un territorio, carácter, orgullo e identidad.
La ceremonia oficial, solemne y cuidadosamente organizada, presidida por el presidente municipal, Prof. Miguel Peña Flores, reunió a autoridades, instituciones y ciudadanos; en el acto oficial se reconoció a los mixquiahualenses destacados, aquellos cuyos nombres son parte del orgullo del municipio. Era un día para honrar trayectorias, para nombrar a quienes han aportado al tejido social y cultural del municipio.
Sin embargo, entre los discursos y los aplausos, hubo un silencio que resultó imposible de ignorar. Un silencio que no fue casual, sino elocuente. El nombre de Byron Gálvez, el artista que llevó a Mixquiahuala al escenario internacional, no fue reconocido; un creador cuya obra dialoga con el mundo, un referente del arte mexicano contemporáneo, un hombre cuya trayectoria trasciende fronteras y generaciones.
Resulta imposible ignorar que quien llevó el nombre de Mixquiahuala al mundo se omitiera; resulta difícil creer que fue un descuido, y esa omisión, en un acto que pretende celebrar la grandeza del municipio, pesa más que cualquier mención protocolaria. Resulta paradójico que el propio Secretario de Educación Pública del Estado de Hidalgo, Natividad Castrejón, mencionó a Byron Gálvez en su intervención unos cuantos minutos antes de la entrega de los reconocimientos. Reconoció su relevancia, su legado, su impacto. Pero, aun así, su nombre no apareció en la lista de homenajeados. ¿Cómo explicar que el creador más universal que ha dado Mixquiahuala quede fuera de su propio festejo bicentenario?.
No se trata de simpatías políticas ni de filias partidistas. Se trata de algo más profundo y serio: la responsabilidad ética de un municipio con su memoria cultural. Un pueblo que olvida a sus creadores se despoja de su propia riqueza. Un gobierno que omite a sus figuras más ilustres se debilita, porque renuncia a la verdad histórica que debería sostenerlo.
Byron Gálvez no necesita un reconocimiento oficial para sostener su legado. Su obra monumental, su presencia en colecciones internacionales, en el Palacio de Bellas Artes y su aportación al arte mexicano hablan por sí mismas. Pero es Mixquiahuala quien sí necesita reconocerlo para sostener el suyo. Porque la identidad no se construye solo con discursos, sino con actos de justicia simbólica.
En un aniversario bicentenario, cuando la historia se mira al espejo, lo mínimo que podemos exigir es honestidad con la verdad y gratitud con quienes han engrandecido este lugar. La memoria cultural no es un adorno: es un acto de justicia y un compromiso con las generaciones que vienen. Si Mixquiahuala quiere proyectarse hacia el futuro, debe empezar por honrar a quienes ya lo proyectaron hacia el mundo.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.