Supuestos predictivos opinables
Federico Arana y Julio César Ortiz, un encuentro virtuoso
PACHUCA, Hgo., 6 de octubre de 2026.- La semana pasada, en Tizayuca, Hidalgo, en “La Casa del Movimiento” se realizó un homenaje a Federico Arana Arana por su larga, productiva y comprometida trayectoria al escritor, biólogo, músico, compositor, dibujante, caricaturista y pintor, quien nació en la cabecera municipal el 27 de noviembre de 1942, hijo de una pareja española republicana exiliada en México.
En el homenaje no sólo se hizo referencia a su trayectoria artística y sus aportaciones científicas en el estudio de los insectos, también se develó un mural donde él es personaje, cuyo autor es Julio César Ortiz Salinas de 29 años.
Julio César, lleva más de diez años pintando, primero llegó al caballete pero a partir de una experiencia con la pintura mural cambió el bastidor de formato pequeño por el muro. Ha dirigido el trabajo mural en varios fraccionamientos del municipio. Su intención es generar comunidad a través de la pintura en un ejercicio conjunto, es así que en sus proyectos han participado personas de todas las edades: infancias, juventudes y población adulta, principalmente personas inmigrantes en Tizayuca que traen consigo sus historias y sentires, que les tocó llegar a estas tierras por la escasez o encarecimiento de la vivienda en los círculos concéntricos del área metropolitana de la Ciudad de México.
A partir de la diversidad de experiencias de vida de las familias trabajadoras que viajan diariamente al Estado de México o a la Ciudad de México para ganarse la vida y de un arduo trabajo introspectivo que ha detonado Julio César, se realizó una pintura mural en el fraccionamiento Haciendas de Tizayuca, uno de los más poblados del territorio y con mayor incidencia de casos delictivos. Mirar el mural es ver el sentido comunitario que tienen quienes participaron en ese proceso artístico y entender que se están integrando culturalmente al lugar que eligieron para habitar y, asimismo, están enriqueciendo a la cultura que los arropa.
Nos platica el joven artista que su trabajo pictórico es producto de un arduo estudio interno que conjuga el conocimiento de las culturas originarias de México así como de otros conocimientos como la filosofía oriental, lo cual le lleva a concluir que se puede ser universal sin perder la identidad; comenta que al muralista que más admira es a Jorge González Camarena, le gusta “el uso que hace de los colores, porque todo México es colorido, así como la fuerza que alcanza a partir de la abstracción y a pesar de su sencillez”.
Para Julio César, el arte no sólo es un medio de expresión sino a la vez un constante descubrimiento que le lleva a profundizar en el estudio. En este momento de su trabajo creativo está en una constante búsqueda del equilibrio entre la técnica y la expresividad.
Julio César Ortiz Salinas es parte de la organización “La Casa del Movimiento”, tiene la convicción y así lo expresa, de que pertenecer a esta organización le permite, desde el arte y la cultura, fortalecer la identidad de la comunidad que conforma el municipio de Tizayuca, el lugar donde el creció, al que ama y que le parece hermoso. Nos cuenta que lo primero que hizo al llegar a “La casa…” fue echar a andar un cineclub; después, inició las clases de pintura: tiene como alumnado a infancias, jóvenes y mujeres adultas, principalmente.
El mural es un tríptico, de derecha a izquierda, el primer tablero -por llamarlo así- representa los orígenes ancestrales del pueblo de Tizayuca con una serie de simbolismos prehispánicos donde se representa la tierra, el alimento -el maíz y el maguey-, el movimiento, las diosas y dioses que representan la creación de la vida en el Tizayuca prehispánico; el segundo tablero representa a los pueblos y barrios que conforman el municipio, la femineidad, la fecundidad, el sincretismo formado por lo originario y lo meztizo, lo que permanece y enriquece el territorio en la época actual; en el tercer tablero se encuentra Federico Arana, rodeado de símbolos, quien por su trascendencia en la música, la escritura, la pintura y la biología, termina siendo la síntesis de la virtud y la ciencia.
Algo interesante que nos hace saber Julio César Ortiz, es que este mural, concebido en tres partes, no fue realizado por él solo, pues participaron en su elaboración sus alumnas y alumnos pequeños, así como adolescentes y jóvenes. No está de más comentar que Federico Arana, al terminar el evento de homenaje, se retiró satisfecho, feliz y agradecido del municipio donde nació.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.