Ráfagas: ¡Acúsalo con su papá!
Piedra pequeña
PACHUCA, Hgo., 29 de septiembre de 2026.- Pareciera que hoy habitamos un México moderno en el que la tecnología, los viajes al alcance de la mano, los cambios en nuestras normas generales de convivencia, catástrofes naturales y pandemias, innumerables acontecimientos sociales que tuvieron escenario en la segunda mitad del siglo pasado y, en lo que va del presente, generaron grandes cambios de las mentalidades en los espacios que llamamos Hidalgo, Tepeji del Río, Tizayuca o Querétaro. Y así… pensamos cotidianamente que nosotras y nosotros ya no somos los de antaño.
Pero la escritora tepejana, Angélica Bárcenas Vargas, nos da un golpe de realidad con su libro de cuentos “Piedra pequeña”, publicado este año por Nahuales Editorial. Donde la piedra o las piedras tienen su protagonismo, a veces certero, a veces mortífero. A veces se es una pequeña piedra de río, piedras que se apilan y forman muros, cuartos, casas, o cubren calles amplias o angostas. También está la piedra infame del asesinato, la del feminicidio.
Angélica Bárcenas nos embelesa con una serie de relatos que son como espejos donde nos miramos las mujeres, en los que vemos y recreamos la realidad que nos tocó vivir. Angélica, con su narrativa nos muestra que la memoria resiste y persiste al paso del tiempo: de los años, las décadas y hasta los siglos. Inquiere en las ancestras, nos lleva del mundo prehispánico con sus remedios naturales, su medicina, pensamiento y rituales, a la llegada de los colonizadores con sus barcos y caballos, nos introduce en la tierra húmeda de la milpa, en la molienda de maíz, en la hechura de tortillas, nos presenta a las jóvenes que -a contracorriente-, no sirven para nada, sólo para ser pintoras o escritoras.
No podía faltar, entre sus temas, la maternidad: madres y abuelas afables, cuidadoras y amorosas que trabajan hasta el último suspiro con tal de que sus hijas o nietas tengan un taco que llevarse a la boca y las oportunidades educativas que ellas no tuvieron. Nos cuenta de las mujeres que migraron a las ciudades para trabajar en casas, tuvieron hijos producto del abuso y luego perdieron todo, hasta la razón.
Le escribe un hermoso cuento a Francisca, aquella muchacha que retomó el nombre de una perrita de la familia y le pidió prestado el apellido a su hermana para que la llamaran Nelly Campobello, esa Nelly a quien queremos tanto porque puso en palabras las anécdotas de quienes formaron la División del Norte y los últimos días del General Ángeles.
Pero esto no es todo, Angélica Bárcenas publicó dos libros este año, el otro es “De la milpa al fogón de la abuela Candelaria”.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.