“¿Realmente ha disminuido el presupuesto de salud?”
PACHUCA, Hgo., 9 de septiembre de 2026.- En el quehacer público y el desarrollo urbano, existe una máxima que a menudo olvidamos: la forma en que cuidamos nuestro entorno refleja la claridad de nuestro futuro. Como diseñador y artista, suelo observar las ciudades no solo como conjuntos de concreto y asfalto, sino como sistemas vivos que requieren orden, identidad y, sobre todo, permanencia.
Por ello, resulta complejo comprender la tendencia actual de priorizar proyectos nuevos y llamativos cuando la infraestructura existente, aquella que sostiene el día a día de miles de ciudadanos en regiones como el Estado de Hidalgo y otras latitudes del país, padece un evidente abandono.
Planificar hacia el futuro no es un error; por el contrario, es una cualidad de las sociedades que aspiran al crecimiento. Sin embargo, resulta contradictorio inaugurar el mañana cuando no hemos resuelto el presente. El mantenimiento obligatorio de lo existente no debería ser un acto secundario, sino la piedra angular de cualquier administración. Ignorar la funcionalidad, la movilidad y la imagen urbana de lo que ya se usa constantemente genera una bola de nieve imparable.
El resultado de esta omisión es un rezago que tarde o temprano se evidencia en el deterioro social y económico de nuestras comunidades. Es aquí donde el diseño se presenta no como un lujo estético, sino como una herramienta de salvación y orden.
Contrario a la creencia popular, el diseño y la arquitectura no actúan por capricho o gusto personal. Su verdadera esencia radica en la investigación, en los estudios de viabilidad, sustentabilidad y sostenibilidad. Innovar no es improvisar con ideas aparentemente diferentes. Un proyecto exitoso nace en un laboratorio de ideas donde un equipo multidisciplinario evalúa aciertos, corrige errores y anticipa necesidades antes de colocar la primera piedra. Cuando se involucra a profesionales especializados en movilidad y
urbanismo, las obras no solo cumplen con los reglamentos, sino que detonan la economía a través del orden.
Construir para el momento inmediato, con el único fin de cumplir una agenda temporal y sin los estudios técnicos necesarios, es una miopía que pagaremos a largo plazo. La estética no es un elemento superficial; es la manifestación visible del orden interno y del respeto hacia el ciudadano. Necesitamos transitar de la cultura de la improvisación a la cultura de la planeación. Integrar el diseño en las políticas públicas es la única vía para garantizar que las inversiones de hoy sigan siendo funcionales, habitables y dignas el día de mañana.
Cuando crecemos con una falsa planeación, se nota, todo se torna gris y se vislumbra un futuro desalentador, donde solo se construye destruyendo, alterando el medio ambiente y la identidad, sin importar que las próximas generaciones lo padezcan.
Crecer no necesariamente significa progreso; a veces es un retroceso que atrae delincuencia y desorden.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.