
El voto no se compra (en EU)
PACHUCA, Hgo., 18 de junio de 2024.-También llamada mentira emotiva. La posverdad es un neologismo que implica la distorsión deliberada de una realidad en la que están presentes y se anteponen emociones y creencias de las personas ante los hechos objetivos, ello con el fin de crear una opinión pública y modelar esta misma. En pocas palabras, es la manera en la que influyen los discursos respecto a las actitudes de la sociedad. La posverdad desde el punto de vista de la cultura política refiere a la idea sobre la cual algo aparenta ser verdad es más importante que la propia verdad. Para el pensamiento corriente la posverdad no es mas que la falsedad y la habilidad en la que estas afirmaciones influyen en la manipulación de la opinión pública.
Lo anterior no es idea mía, ni de un discurso disparatado, son principios básicos de la comunicación y manipulación mediática a través de del discurso. Este término que es relativamente reciente se hizo popular durante la elección presidencial de Donald Trump. La forma en la que este político y empresario lo utilizó para exaltar emociones y reavivar antiguos fantasmas sentimentaloides en sus partidarios dio como resultado la rotunda victoria, que hoy desde las rejas planea repetir en una hipotética segunda postulación como candidato presidencial de los Estados Unidos.
Ahora bien, dejemos un momento en paz la política revuelta de nuestro país vecino, el cual suficiente tiene entre los dos menudos candidatos; el otro como sabemos es el actual presidente cuyo estado de salud es por demás delicado y senil.
Vayamos pues a la posverdad generada desde el actual y saliente sexenio presidencial mexicano. Nuestro Huey Tlatoani AMLO encontró la fórmula perfecta y las condiciones para aminorar cualquier potencial crisis. Fue capas de desempolvar a los fantasmas del pasado a través de sus anécdotas de café sobre algunas curiosidades históricas de hace más de cien años. Todo ello mientras marcó la agenda mediática a través de sus conferencias mañaneras. Quedaron en el pasado las “Cajas Chinas” de Televisa y TvAzteca, y se institucionalizó la siempre y confiable “yo tengo otros datos”, que hay que decir, en más de una vez le salió contraproducente cuando los comunicadores medio paso delante de sus respuestas citaban sus mismos datos de hacía meses. De esta forma, nos dimos cuenta gradualmente de que el buen Andrés aplicaba no solo la frase anterior sino la de uno de los personajes creados por Chespirito, “así como dice una cosa dice otra.”
Con lo anterior, no se trata de demeritar los avances en política social, ni el potencial desarrollo de infraestructura en varias partes de la República, tampoco de subestimar el notable interés y participación ciudadana en los asuntos que conciernen a la política. Podemos decir que gracias a Andrés Manuel López Obrador la cultura política y de la información creció exponencialmente unas micras en importancia en cuanto a temas de interés en diferentes sectores y estratos de nuestra sociedad.
No obstante, esto no quiere decir que todo lo que se expongan en los medios de comunicación sea cierto. A lo largo del sexenio vimos una lucha encarnizada entre los medios tradicionales anteriormente favorecidos por el sistema en contra del nuevo régimen y de sus protagonistas. Paralelamente a ello, surgió una creciente horda de medios digitales, opinólogos y comentócratas que, si bien es cierto podrían rescatarte algunos, la mayoría de ellos dedicaron sus espacios 24/7 en la defensa ciega e incuestionable de la Cuarta Trasformación. La diversificación de medios de comunicación permitió por un lado contrastar posturas desde diferentes enfoques alrededor de un mismo aspecto de la política; pero a la vez acrecentó la desviación de un criterio imparcial generando con ello la tan notable polarización, misma que se recrudeció sobre todo en tiempos electorales en las opiniones vertidas en las principales redes sociales; fake news, el acoso y descalificación de bots de diversos frentes.
Por un lado, los “pasquines inmundos” denominados de esa forma por el presidente, por otro, las “benditas redes sociales”, y en medio de ello la critica dura se fue desvaneciendo hasta quedar casi completamente relegada y segregada hoy en día. No se puede opinar de manera crítica y con fundamentos ya sea de un lado o del otro porque se tilda de chairo, traidor o facho encubierto, según sea el caso. Ay de aquellos quienes se atrevan a señalar los índices delincuenciales; violencia, desaparecidos y retenes, porque se convierten automáticamente en aguafiestas y la explicación de estos problemas se le siguen cargando al sexenio de Felipe Calderón. Me pregunto si al terminar este periodo presidencial el discurso para buscar culpables será el mismo o bien se atreverán a destapar la cloaca y los vacíos que deja este primer piso de la 4T.
En la Era de la Posverdad en México, importan los datos duro, siempre y cuando sean a modo y complazcan a quienes se encuentran dominando el Ejecutivo y Legislativo. Las “cátedras” de historia en las conferencias mañaneras son hoy más fiables que lo que pueda decir cualquier académico especialista en el área, todo a culpa plena de un puñado de intelectuales orgánicos, desangelados y opositores de la 4T. El costo que pagó el oficialismo de algunos medios, periodistas y mercenarios de la información, vituperados por el saliente sexenio fue sustituido por comentaristas amateur, que se miden según el grado de popularidad o bajo la complacencia del saliente mandatario, más que por la descripción imparcial y critica de los hechos.
Así termina un sexenio. Seis años en los que el “El Efecto AMLO” aderezados por la personalidad y el empuje mediático otrora líder tabasqueño “morenisaron” casi en su totalidad al territorio mexicano, aunque ello sea solo un decir, puesto que el gatopardismo y la política variopinta solo trasformó a las agrupaciones políticas. MORENA se fusiono con lo cruento y vil de algunos antiguos dinosaurios priístas, en tanto que su padre putativo el PRD pagó el precio de sus intereses viscerales.
¿Qué podemos esperar de ahora en adelante? No mucho. Los efectos del obradorismo, entre ellos lo antes mencionado, seguirán vigentes hasta finales de año. Habrá que ver si la nueva administración sigue al pie de la letra sus pasos o bien sea que nos despertemos del sueño de estos seis años, con una pesadilla agridulce en enero de 2025.
@OswaldoRamirezG
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