
Presión contradictoria puede enturbiar caso Cuauh
(Segunda parte)
En la entrega anterior comenzamos con un acercamiento a las relaciones que se dan en la triada espacio-sociedad-instituciones, de manera general y partiendo de la premisa de reconocer que existe un desgaste notable en la forma en que las instituciones y la sociedad se interrelacionan entre sí. Hoy, de igual manera, deseo partir de la premisa sobre el ¿por qué existe una especie de círculo no virtuoso que pareciera tener la siguiente relación: no somos buenos ciudadanos por que no tenemos buenas instituciones y no tenemos buenas instituciones por que no somos buenos ciudadanos?
Ciertamente es indispensable romper el ciclo y comenzar a reconocer que la construcción de ciudadanía, el ser un desafío permanente, requiere de instituciones profesionalizadas y empáticas pero igualmente de personas conscientes de la necesidad de modificar ciertos paradigmas que hemos adoptado, algunas veces sin reflexionar mínimamente, y que son una especie de lastre que impide movilizarnos hacia lo que de manera racional consideramos como mejor y más adecuado.
Luego entonces, pensar que las instituciones son malas y poco empáticas y por tanto como sociedad no debemos cumplir con nuestra parte, ser buenos ciudadanos y que todo lo resuelva el gobierno es tanto como esperar a que los grandes desafíos sociales se resolverán por sí solos en algún momento de la historia y nos podemos sentar a esperar que eso suceda. Esperar a que el futuro nos alcance. Obviamente la construcción de ciudadanía requiere, indefectiblemente, de acción; es precisamente en este punto donde hacemos una reflexión que nos conduce a sustentar la tesis de que solamente por la acción y con la acción que se logrará contrarrestar la inercia a “no hacer nada, ya que, las instituciones no hacen nada”.
Así, tenemos que las instituciones deben accionar, aún a pesar que supongan que no existe una ciudadanía empática y buena, y emprender tareas que se alineen con las necesidades de los distintos grupos sociales, es decir: diseñar, elaborar, implementar y evaluar política pública. Los ciudadanos debemos cumplir civilmente con lo que nos toca: respetar las normas, procedimientos y preceptos básicos de una sociedad madura y racional. En pocas palabras si todos hacemos de la mejor forma lo que nos toca hacer todo marcharía mejor. La construcción de ciudadanía no es cuestión de héroes y heroínas, solo es cuestión de reconocer que en la relación espacio, sociedad e instituciones, los últimos dos tienen tareas pendientes y es momento de actuar.
“Las siete palabras más terroríficas de nuestra lengua son: soy del gobierno y vengo a ayudar” – Ronald Reagan en su rueda de prensa del 12 de agosto de 1986. Nos saludamos en la próxima.