Números del Poder
PACHUCA, Hgo. 22 de junio del 2026.- Recientemente, Guadalajara dio un golpe de autoridad en gestión cultural. Al aprobar su Programa Sectorial de Derechos Culturales 2024–2027. Más que un acto simbólico, la medida replantea la forma en que los municipios entienden la cultura: deja de ser un conjunto de eventos para reconocerse como derecho público que exige políticas, recursos y participación reales.
El programa, construido por gestores culturales y autoridades locales, se organiza en siete ejes: Cultura es un Derecho; Cultura en Red; Cultura en la Calle; Cultura Barrial; Cultura Raíz; Cultura para Todos; y Cultura Crea. Entre sus acciones sobresalen mapeos culturales participativos, apoyos a creadores, ferias del libro, fortalecimiento de artistas urbanos y proyectos comunitarios destinados a descentralizar la oferta cultural. Estas líneas ponen en evidencia una apuesta por la democratización, la territorialización y la justicia cultural.
Desde la gestión pública, identifico tres buenas prácticas replicables: diagnosticar territorios mediante mapeos participativos para priorizar inversiones; promover la autogestión barrial para generar circuitos culturales locales; e incorporar medidas de accesibilidad e inclusión para reconocer lenguas y patrimonios marginados. Estos elementos permiten transitar hacia políticas sostenibles que generan empleo cultural, fortalecen identidades y amplían participación ciudadana.
Los impactos esperados son concretos: mayor rendición de cuentas y cogobernanza cultural; visibilidad y reconocimiento de comunidades históricamente excluidas; y condiciones más estables para la actividad creativa local. Sin embargo, su implementación enfrenta riesgos: ausencia de presupuesto multianual, implementación fragmentada y falta de indicadores claros para medir derechos culturales.
Para evitar que el programa quede en papel, se requieren decisiones rápidas: asignación presupuestal sostenida, capacitación técnica en las instancias municipales, protocolos para garantizar participación ciudadana genuina y sistemas de evaluación participativa con datos abiertos.
La aprobación en Guadalajara puede ser un modelo si se acompaña de voluntad política y vigilancia social. Para ello se debe convocar a gestores, artistas, comunidades y autoridade, para que participen en los mapeos, integren mesas de co-diseño, propongan proyectos barriales y exijan mecanismos de seguimiento. Solo con más procesos de gobernanza cultural y planificación participativa la cultura dejará de ser un lujo efímero y pasará a ser un derecho tangible para todas y todos.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.