
El EZLN sale como siempre, a río revuelto
PACHUCA, Hgo., 24 de marzo de 2025.- La cultura de paz no es un concepto abstracto ni una simple aspiración idealista, tampoco algo que se genera desde una visión centralista. Es una construcción cotidiana que se refleja en las prácticas, narrativas y espacios que las comunidades crean para convivir. En el contexto de Mondiacult, la conferencia global sobre políticas culturales promovida por la UNESCO, se ha reafirmado la urgencia de fortalecer proyectos culturales con base comunitaria que fomenten el diálogo, la diversidad de expresiones y la interculturalidad como pilares para sociedades más justas y cohesionadas.
En muchas regiones, la cultura ha sido un espacio de resistencia y reconstrucción social. Desde las artes visuales hasta la música, pasando por el teatro y la literatura, los proyectos culturales han permitido que las comunidades narren su propia historia, sanen heridas y tejan puentes entre generaciones y grupos diversos. Pero para que estos proyectos realmente impulsen una cultura de paz, es fundamental que se respeten y potencien las expresiones culturales locales sin imponer modelos externos que desplacen identidades y tradiciones. Visualizar desde una perspectiva intercultural nos permite identificar las fortalezas existentes en una comunidad
La interculturalidad, entendida como el diálogo horizontal entre culturas en igualdad de condiciones, debe ser el eje de las políticas culturales. Mondiacult ha enfatizado que la diversidad cultural es un derecho y un recurso estratégico para la paz. Sin embargo, para que esto se traduzca en acciones concretas, es necesario que los proyectos culturales sean cogestionados por las propias comunidades, integrando su conocimiento, historia y aspiraciones en los procesos de creación y difusión.
Los espacios culturales no pueden ser burbujas aisladas del contexto social. Deben articularse con otras áreas como la educación, el desarrollo social y la economía solidaria. En este sentido, iniciativas que combinan el arte con la memoria histórica, la resolución de conflictos y la sostenibilidad ambiental han demostrado ser claves para fortalecer la cohesión comunitaria.
La cultura de paz no se hace por decreto, se construye con voluntad política, inversión y, sobre todo, respetando la diversidad de las expresiones culturales presentes en una comunidad, los proyectos culturales comunitarios no solo son espacios de expresión, sino herramientas para la transformación social.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.