Palabras y juicios irredentes
PACHUCA, Hgo., 26 de enero de 2026.- ¿Recuerdan la película Soul de Pixar? En ella aparece una breve metáfora sobre un pez que busca el océano. Nada, pregunta, se inquieta, hasta que otro pez le hace notar que aquello que busca es justamente el lugar donde ya se encuentra. Confunde el agua inmediata con algo menor, sin advertir que está inmerso en algo mucho más amplio.
En el ámbito cultural puede ocurrir algo similar. A veces nos concentramos tanto en realizar eventos y en atender lo inmediato que olvidamos que ya estamos inmersos en algo mayor: las políticas públicas culturales, los cimientos que sostienen la acción cultural pública, aunque no siempre sean visibles.
Los eventos son necesarios: conciertos, inauguraciones, festivales. Más conviene preguntarnos ¿qué ocurre cuando las luces se apagan? Es ahí donde el faro de las políticas públicas debe permanecer encendido, marcando el rumbo. Los eventos no son un fin en sí mismos, sino parte de una política cultural que promueve derechos culturales y busca la formación de públicos.
Al igual que le sucede al pez, podemos confundir el movimiento constante con el avance. La presión de la operación diaria y la necesidad de que “se note el trabajo” pueden desviarnos de la meta de fondo: ese océano que representan las políticas públicas culturales construidas con visión y responsabilidad compartida.
Las líneas de acción que trazan las políticas públicas funcionan como corrientes marinas. No siempre se distinguen a simple vista, pero orientan actividades, programas e inversiones, y permiten que los esfuerzos trasciendan administraciones, justamente por su impacto estructural en el sector cultural.
La cultura no se agota al concluir la programación de una semana, un mes o un año. No termina cuando se acaban los eventos, las exposiciones o las temporadas. Se construye en procesos de largo plazo que permiten formar públicos, fortalecer capacidades de gestión cultural y acompañar de manera permanente a los diversos actores del sector y a las comunidades artísticas.
Por ello, es necesario cambiar el punto de partida de nuestras preguntas. Pasar de “¿qué evento sigue?” a “¿qué condiciones estamos creando?”. Reconocer el valor del océano —las políticas públicas culturales— implica entender que los grandes resultados no dependen solo de la visibilidad inmediata, sino del trabajo colectivo, que da sentido, continuidad y profundidad a la acción cultural
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.