Ráfagas: Chapulineo partidista
PACHUCA, Hgo., 1 de junio de 2026.- Nunca habíamos leído tanto. Y, paradójicamente, nunca habíamos escuchado con tanta frecuencia que la lectura está en crisis. Cada día millones de personas recorren pantallas durante horas: leen mensajes, publicaciones, noticias, comentarios, videos subtitulados y memes cargados de referencias culturales. Sin embargo, cuando se habla de lectura, todavía suele pensarse exclusivamente en el libro impreso. ¿Tiene sentido seguir entendiendo la lectura de esa manera en pleno siglo XXI? La respuesta es más compleja de lo que parece. Diversos investigadores han advertido que abandonar la lectura profunda tendría consecuencias importantes para nuestras capacidades cognitivas. La neurocientífica Maryanne Wolf, autora de Proust and the Squid (2007), sostiene que es precisamente en la lectura extensa donde se desarrollan procesos como la reflexión, el análisis crítico y la empatía. En una línea similar, la filósofa Martha Nussbaum argumenta en Not for Profit (2010) que una democracia necesita ciudadanos capaces de interpretar el mundo con sensibilidad, imaginación y juicio propio, capacidades que se fortalecen mediante la lectura sostenida.
Pero reducir el pensamiento crítico únicamente a las páginas de un libro también sería desconocer una transformación histórica: la revolución digital ha cambiado la forma en que producimos y comprendemos significados.
Hoy no solo leemos palabras. Leemos imágenes, sonidos, gestos, videos, interfaces y algoritmos. El especialista en comunicación Gunther Kress (2010) describe este fenómeno como un giro multimodal. En otras palabras, los mensajes contemporáneos rara vez llegan en un solo formato. Un meme, por ejemplo, combina imagen, texto, ironía, contexto cultural y, muchas veces, posicionamientos políticos. Comprenderlo exige una lectura distinta, pero no necesariamente menos compleja.
Henry Jenkins (2009), uno de los principales estudiosos de la cultura digital, señala que las nuevas generaciones desarrollan habilidades interpretativas inéditas: reconocen referencias cruzadas, identifican códigos visuales, detectan ironías y navegan entre múltiples narrativas que se expanden por redes sociales, videojuegos, plataformas audiovisuales y comunidades digitales.
Desde esta perspectiva, la pregunta ya no es si los jóvenes leen menos, sino qué están leyendo y cómo lo están haciendo.
El antropólogo Néstor García Canclini observó que las nuevas generaciones suelen leer de manera fragmentada, simultánea e híbrida. Lejos de representar una decadencia cultural, este comportamiento refleja una adaptación a los nuevos flujos de información que caracterizan a la sociedad contemporánea.
Sin embargo, existe una advertencia importante. Las competencias digitales no sustituyen las bases que proporciona la lectura profunda. El vocabulario, la capacidad de argumentar, la abstracción y la coherencia discursiva siguen construyéndose principalmente a través del lenguaje escrito. Sin estos cimientos, advierte Wolf, la interpretación de contenidos digitales corre el riesgo de quedarse en la superficie, atrapada en la velocidad de la información y sin llegar a la comprensión crítica.
Por eso el verdadero debate no debería enfrentar libros contra pantallas. La discusión relevante consiste en comprender que ambas formas de lectura se necesitan mutuamente. Como sostiene Daniel Cassany (2012), formar lectores en la actualidad implica enseñar a interpretar palabras, imágenes y gestos, entendiendo que todos ellos participan en la construcción de significado. En este escenario, la escuela enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia.
Ya no basta con promover la lectura tradicional como una práctica aislada. Tampoco es suficiente repartir dispositivos y llamar a eso alfabetización digital. La tarea educativa consiste en tender puentes entre ambos mundos.
La escuela del siglo XXI está llamada a formar lectores multimodales: personas capaces de interpretar una novela, pero también de cuestionar una tendencia viral; ciudadanos que comprendan un ensayo, pero que también identifiquen la manipulación detrás de una imagen o una campaña digital. La lectura sigue siendo indispensable. Lo que ha cambiado es su territorio.
Las de chile seco
Pero a pesar de todo: tres de cada 10 personas en Hidalgo, no han leído ningún libro en su vida.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.