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El nombre del reptil cocodrilo ha resonado miles de veces en Estados Unidos en los últimos días. No por su importancia como animal, sino para ahondar las diferencias entre el republicano Donald Trump  y el demócrata Barack Obama. En los dimes y diretes de Trump con  la prensa y la frase del ex presidente   sobre un foso de cocodrilos y  serpientes para detener la migración, han olvidado los dos, el triste destino de estos reptiles  y  en el caso del cocodrilo, tan llevado y traído, han hecho de lado su final terrible: servir para bolsas, zapatos y comida. Muy lejos de la vida que el imperio le destinó a  Donald Trump como un empresario hábil, rico  y avorazado y ahora presidente de su nación. Con  uñas y dientes él trata de defender  esos privilegios y  con su lengua, que ha disparado a todo el país en los últimos días, con sus conocidos insultos a opositores. Acaba de pedir la renuncia de Adam Schiff el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara baja, encargado de fundamentar el juicio que organiza en su contra el Partido Demócrata. No lo pasa de escoria, de traidor y fraudulento, epítetos que si alguna vez mencionara AMLO contra sus adversarios, ardería Troya. Los únicos que se le equiparan son los locutores de la radio mexicana. La  cara de Trump se transforma en grotesca cuando recuerda que en el 2011 Barack Obama mencionó la posible intención del empresario, de  poner alguna vez, un foso de cocodrilos y serpientes para contener a los migrantes. Como si no fuera capaz de hacerlo y cosas peores. Furioso,  se transforma en una víbora agresiva y en un cocodrilo abriendo la bocaza para tragar a sus víctimas, los demócratas. En ese juego de un poderoso actuando como un animal, se exhibe y el mundo lo mira asombrado, la democracia que vive ese país que alguna vez se creyó dueño de las categorías creadas por Abraham  Lincoln: del pueblo,  por el  pueblo y para  el pueblo.

LA EXISTENCIA DE LOS COCODRILOS: SERVIR DE BOLSAS, ZAPATOS Y COMIDA

La vida de muchos animales se fija y destina con un fin  utilitario. No basta con  que vivan y sean parte de la naturaleza y del entorno ecológico. Una vez escuché a un torero decir que los toros solo tienen la finalidad de servir para ser enfrentados y muertos  en una plaza. No sirven para más, según esa concepción. En el caso del reptil arcosaurio, semi acuático, aunque también existen  marinos, llamado cocodrilo, hasta un ejido en Quintana Roo, el Chacchoben,  vive de la piel y la carne de esos animales y hay organismos como el de Comercio Internacional de Especies en Extinción de la Fauna y la Flora, que lo avala. Su destino es morir para ser útil. Uno de ellos, -de las tres especies que viven México de las 23 que hay en el mundo, aunque en otros informes los reducen a 14- , está en peligro de extinción. Es el de Catemaco el cocodrilo mexicano Morelet, según lo sostiene  en  un artículo en SDP Ximena Molina, en  agosto del año anterior. En el señala que los cocodrilos  no son  seres agresivos; son en realidad  animales tímidos que se escoden del ser humano y otras especies, pero es el humano el que insiste en agredir su  nidos lo que ocasiona una reacción violenta del  animal. Según otros datos, serían tres tipos de cocodrilos los que viven en el país, el de río que vive en el Pacífico mexicano,  el de pantano del Golfo de México y el caimán que también  es un tipo de cocodrilo  y que se localiza en Chiapas.

LA MAGIA DE LA LITERATURA RESCATA AL COCODRILO, SER TAN AGREDIDO

Paul Hogan el actor australiano, consolidó su fama  con  los cocodrilos. Tres películas al hilo del personaje  Cocodrilo Dundee, lo mostraron -al estilo gringo: un despistado forastero- como un hombre que vivía en los pantanos entre cocodrilos y los amaba. En  México existen acuarios, lugares de exhibición  de estos enormes animales que se arrastran, tan  incomprendidos y hay muchas personas que se interesan en ellos. En 1984, el ilustrador japonésTaro Gomi, lanzó un libro que fue publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2010, ante el éxito  mundial que tuvo. Cocodrilo va al  dentista ha tenido fines didácticos para los millones de niños que lo han leído. Se trata de un enorme cocodrilo que tiene caries y va  -obligado  claro-, a visitar al  dentista y que desde el principio repela de la situación como lo hacen todos los niños;  pero  ni  modo, sus enormes dientes necesitan ser revisados. Lindo libro que hace pensar que la poesía, el ingenio, el humanismo como se trata a los animales en este caso,  nos acerca a especies que en otro contexto ceden sus vidas para que, por desgracia, el lujo y la vanidad de los humanos los exhiba y presuma. Aquí una parte de aquella vieja canción  que hicieron  famosa muchos cantantes hace décadas y que la podía cantar Trump para olvidar los recuerdos que lo ligan al reptil:

 AHÍ NOS VEMOS COCODRILO

Hasta luego cocodrilo

no pasaste de caimán

ya tu amor no me interesa

ya no me molestes más

y en inglés,

See your later alligator

crocodile did not pass

so long crocodrile

alligator did not pass