
Ráfagas: policías mata perros en Juárez Hidalgo
Twitter: @OswaldoRamirezG
Si bien es cierto Netflix ha venido en picada los últimos meses, eso después de un repunte de sus ganancias durante la pandemia de Covid-19. Ello obedeció al ser favorecida, al igual que gran parte de estas plataformas (lo siento Blim, tu no estas entre estas) por el enclaustramiento en casa, lo que motivó otro tipo de entretenimientos en el hogar.
No obstante, su caída no solo se debe a las políticas restrictivas que están poniendo en jaque varias regiones de Europa y América Latina, sino que al igual que otras plataformas y giros de entretenimiento (series, tv novelas, películas y caricaturas). Se debe a que cada una de estas ha tomado para sí una agenda sociopolítica progresista, y lejos de entregar al auditorio un momento de desconecte que lo haga olvidarse de su miserable vida diaria, intentan adoctrinar o regañar a su auditorio con temas que van desde el veganismo hasta la inclusión forzada y el feminismo fundamentalista, problemáticas que si bien son importante de analizar, desde que las ha manoseado lo “políticamente correcto” de los sistemas gubernamentales han hecho mella y lejos de unificar criterios han dividido en una suerte de fanatismo e intolerancia entra opuestos.
En contraste, pasa totalmente lo contrario con la reciente obra cinematográfica de Guillermo del Toro “Pinocho” (Netflix, 2022), que dicho sea de paso ha ganado ya varios premios en algunos festivales y que también cuenta con lo suyo para ir con todo para los Premios de la Academia, con esta producción la plataforma en cierto modo se redime, afirma y marca un hito para evidenciar que el cine hollywoodense desde hace un rato ha perdido toda hegemonía. Esto si consideramos un éxito anterior y que también fue obra de otro mexicano, Roma (2018) de Alfonso Cuarón, ganadora al Oscar a la mejor película.
Entrando al punto, la nueva versión sobre el niño de madera de Guillermo del Toro, hecha con la técnica de stop-motion ha impresionado mucho a los críticos. Para quienes ya han tenido oportunidad de verla notarán que pese a ser un formato animado, no es propiamente un filme dirigido al publico infantil. Pinocho de del Toro se separa de lo convencional y de la historia original, sin embargo, la perfecciona y la humaniza convirtiéndola en un relato crudo y reflexivo que bien te puede sacar al final un par de lágrimas o bien dejarte un par de días deprimido para revalorar tu vida y las de tus seres queridos que aún están en este plano terrestre.
Desde luego nada que ver con una nueva versión remasterizada de Disney-Pixar (2022), en la cual se ve no solo que se trata de un cliché mal hecho de su versión original de 1940 sino la ya mencionada agenda genérica, y sin decir mas solo espero remitan esto cuando vean la aparición del Hada azul quien le da vida al niño de madera.
Algo que se agradece a Guillermo del Toro es el guiño histórico cuyo aderezo temporal nos sitúa en el primer cuarto de siglo XX, en una Europa de crisis de pre Segunda Guerra Mundial, donde el fascismo será el motor ideológico que llevará a la Italia de la década de 1930 al insertarse en el conflicto bélico de lado de los países del Eje (Roma-Berlín-Tokio). Pese a que la versión del Duche Benito Mussolini no es la mejor, debido a sobremanera el carácter de ridiculizar a dicho personaje por parte del director de la película. Tampoco nos ofrece a profundidad aspectos que ayuden a entender en qué se basan los preceptos de la “raza superior”, y se presenta a una iglesia católica tibia ante esta mentalidad y conflicto, cuando en realidad fue lo opuesto.
Como parte de un aterrizaje a nuestra realidad habrá que decir que en la actualidad se dicen de personajes dictadores que no lo son tanto y otros que pese a su doble discurso se comportan como tales. Para mas exactitud la visita del presidente Cubano Miguel Díaz-Canel a tierras mexicanas donde ante la indignación de la derecha mexicana, nuestro Huey Tlatoani Andrés Manuel López Obrador le otorgó la condecoración de la Orden del águila Azteca, la máxima distinción a un jefe de estado extranjero.
Habría que decir que el presidente caribeño no es el mejor ejemplo en cuanto a derechos humanos con sus opositores, pero sí en cambio en cuanto a muestras de solidaridad humana, misma que comparte con nuestro país. Un reproche similar se le puede plantar al tv gobierno neonazi ucraniano Volodimir Zelensky, apoyado por Europa y Estados Unidos de América, los cuales dícese según ellos se jactan en ser los promotores de la paz y la democracia mundial.
Por lo pronto, el pésimo ejemplo de pinocho llevado a la realidad nos lo brinda el expresidente panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, quien hace oídos sordos ante las acusaciones hechas por testigos en el juicio en EE.UU.., a su ex super policía Genaro García Luna y sus nexos con el crimen organizado; al puro y cínico lema de negar todo “calderónicamente.” En fin, esto es México.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.