“¿Realmente ha disminuido el presupuesto de salud?”
PACHUCA, Hgo., 02 de febrero de 2026.- Durante décadas, la escuela preparó a los jóvenes para buscar certeza: un empleo fijo, una plaza, una institución, una nómina segura. Ese era el modelo del mundo industrial. Pero el mundo cambió... y la escuela, en muchos lugares, no. Hoy, la verdadera habilidad no es "buscar seguridad", sino saber moverse en la inseguridad sin romperse. Saber adaptarse. Saber crear. Saber reinventarse.
Caminar con un título bajo el brazo es el sueño repetido de miles de jóvenes mexicanos cada año. Es la promesa que recibimos desde la secundaria: "Estudia, saca buenas calificaciones y tendrás un empleo seguro". Es una narrativa tan arraigada que pocos nos detenemos a cuestionarla... hasta que la realidad nos obliga a hacerlo. Hoy, esa historia oficial choca con otra verdad: México está perdiendo empleadores y, con ellos, oportunidades de empleo formal, justo cuando la fuerza laboral más educada de su historia intenta insertarse en el mercado.
Según datos oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al cierre de 2025 dejaron de estar registrados ante el seguro social cerca de 31 mil empresas, lo que indica que dejaron de cotizar como patrones; muchas cerraron, otras desaparecieron o migraron a la informalidad. Esta caída representa cerca del 2.9% de toda la base patronal formal. Peor aún, esa tendencia no empezó ayer. En el acumulado de los últimos 24 meses, México registró la peor pérdida neta de patrones desde 1998, con casi 42 mil empleadores menos. Esto reduce la capacidad de crear nuevas plazas laborales y deja a las y los jóvenes con un título en la indefensión.
Al mismo tiempo, las cifras oficiales declaran tasas de desempleo relativamente bajas (alrededor de 2.7% a finales de 2025 según INEGI), pero estos números esconden una trampa estadística: el desempleo formal puede estar bajo, pero la precariedad y la informalidad crecen y, sobre todo, los empleos que se generan no alcanzan para absorber a las y los recién egresados. En términos concretos, la Generación Z enfrenta un panorama laboral hostil: registros periodísticos recientes señalan que más de 400 000 jóvenes en 2025 perdieron su empleo o no consiguieron uno estable, ubicándose en trabajos sin contrato, sin seguro social y sin prestaciones.
Frente a este escenario, la discusión ya no puede centrarse únicamente en cuántos jóvenes logran titularse, sino en qué tan preparados están para enfrentar un entorno que ya no ofrece certezas. La educación que formó generaciones para buscar estabilidad en estructuras rígidas hoy necesita formar personas capaces de navegar la incertidumbre sin quebrarse. Personas que sepan adaptarse, crear oportunidades, reinventarse cuando el contexto cambia.
Por ello, es muy importante que, desde el sector educativo, se impulse con más fuerza el pensamiento crítico, el análisis de datos, las habilidades digitales, la comunicación efectiva, la resiliencia ante la incertidumbre, el trabajo colaborativo y el aprendizaje continuo. Para cerrar esta brecha, la universidad debe transformarse de un espacio donde se recibe un título, a un laboratorio de habilidades para la vida y el trabajo, donde estudiantes practiquen enfrentar la incertidumbre, manejar bajos ingresos temporales, convivir con la frustración, desempeñar tareas no ideales y aprender a generar valor por sí mismos.
La literatura sobre empleabilidad aboga por alinear los currículos con las necesidades reales del mercado, integrando aprendizaje experiencial, pensamiento crítico y competencias sociales, de modo que los egresados no solo tengan un título, sino la capacidad de navegar, contribuir y prosperar en contextos laborales inciertos y cambiantes. México no necesita más egresados con títulos hermosos y bolsillos vacíos de oportunidades. Necesita personas capaces de crear valor en contextos complejos e inciertos.
Las de chile seco
El futuro pertenece a quien se mueve eficazmente en la incertidumbre
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.