Ayotzinapa entre sombras: La deuda de AMLO
PACHUCA, Hgo., 20 de noviembre de 2025.- A veces creemos que las decisiones que se toman en el Poder Judicial no tienen nada que ver con nuestra vida diaria. Muchas veces escuchamos las palabras cómo sentencias, ministros o resoluciones y cuando escuchamos hablar acerca de estos temas, sentimos que eso pertenece a otro mundo, uno complicado y difícil de entender. Pero la verdad es distinta: cuando la justicia cambia sus reglas, cambia también la forma en la que vivimos, en la que trabajamos, en como nos relacionamos con la sociedad y nos protegemos.
Lo entendí recientemente, cuando escuché que el nuevo presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, proponía reabrir y revisar sentencias de la Suprema Corte que ya habían sido resueltas, pensé que era un tema muy lejano y complicado, algo que solo entendían los ministros, abogados expertos y personas con mucha experiencia en el sistema judicial.
Aunque soy estudiante de derecho y me interesa todo lo relacionado con la justicia, sentí que era una discusión bastante técnica, como esas que parecen solo para especialistas.
Creí que no tenía nada que ver con mi vida diaria, ni con nuestro entorno social. Pero decidí investigar un poco más, leer, escuchar posturas de distintos profesores en la universidad y tratar de comprender qué hay realmente detrás.
Y ahí fue cuando mi opinión del tema, lo vi desde otra perspectiva. Ahora no estoy de acuerdo con esa idea. No porque no me interese defender a alguien en particular sino porque entendí que permitir que las sentencias se reabran una y otra vez, es abrir la puerta a un futuro lleno de incertidumbre para todos.
Antes de continuar, me parece interesante detenerme en quién es Hugo Aguilar, y por qué sus acciones están generando tanta discusión. Esta persona es un abogado originario de una comunidad indígena de Oaxaca, cuya trayectoria durante años fue reconocida por defender a localidades que no eran escuchadas.
Su llegada a la Suprema Corte, como resultado de la reforma judicial que permitió elegir a ministros mediante lo que ahora conocemos como voto popular, fue recibida como una posible señal de cambio y como una oportunidad para acercase a la sociedad.
Yo misma vi en él, a una figura distinta a lo que estábamos acostumbrados a ver en el sistema judicial, alguien capaz de representar nuestras voces y transformar una institución que muchas veces se siente distante.
Sin embargo, a medida que ha avanzado con sus decisiones, especialmente esta propuesta de reabrir sentencias ya resueltas, mi percepción sobre lo que pude llegar a ser ha cambiado.
Y aunque admiro su historia personal, me preocupa el rumbo que está tomando y la cercanía política que se percibe detrás de sus acciones.
Su papel, en lugar de fortalecer la confianza en la justicia, nos está abriendo dudas sobre su independencia y el verdadero propósito de esta iniciativa, lo veo como alguien que pone en riesgo la estabilidad de la justicia en México.
En ese contexto, yo estoy en contra de la propuesta de revisar las sentencias ya estaban cerradas, una de ellas, relacionada con la reforma eléctrica y empresas que obtuvieron amparos, el gobierno no quedó conforme y ahora se busca la posibilidad de cambiar lo que la corte anterior ya había decidido, y ahí entendí lo que realmente está en juego, porque me preocupa la forma en que esta iniciativa parece alinearse con intereses políticos y no con el fortalecimiento de la justicia, y como mencioné anteriormente, reconozco y respeto su historia personal, no comparto, y tampoco apoyo el rumbo de sus decisiones recientes.
Traiciona las expectativas que muchos depositaron en él y que, lejos de construir confianza, está sembrando incertidumbre y dudas sobre la independencia del Poder Judicial.
No estamos hablando solo de un caso aislado, es una posibilidad de que ninguna decisión sea final.
Si permitimos que esa propuesta de que las resoluciones que ya son definitivas puedan revisarse cada vez que cambia un ministro, un gobierno o haya un preferencia política, entonces ya no tenemos un final real a nuestros juicios importantes para nuestras familias, para nuestro patrimonio o por tu seguridad.
La justicia necesita reglas firmes para funcionar de forma correcta, si una sentencia que ya fue decidida puede cambiarse después solo porque alguien con poder no está de acuerdo, entonces la justicia deja de ser confiable. Deja de importar quien tiene la razón y se empieza a guiar mas por quién tiene influencia, en esas condiciones nadie puede sentirse tranquilo, tampoco protegido.
Un país sin certeza judicial no puede tener un avance, cuando las decisiones pueden cambiar constantemente, no hay seguridad económica para invertir, trabajar o crear planes a futuro.
México ya tiene mucha inseguridad y cansancio social como para agregarle más incertidumbre.
Y es ahí donde me surge la duda que si la gente siente que la justicia ya no funciona o no siempre es eficiente, qué vea a pasar cuando vean que la cosa juzgada no es respetada y las sentencias no son finales? Eso solo genera más desconfianza e inestabilidad hacia la Suprema Corte.
Las consecuencias de esta propuesta, desde el punto de vista social, reabrir sentencias que ya fueron resueltas no es el camino correcto.
No lo digo por defender a algún grupo en especifico o con interés privado, sino porque que cuando la justicia pierde estabilidad, la sociedad pierde equilibrio, no necesitamos una justicia que retroceda y que reescriba decisiones según convenga, creo que necesitamos una justicia que aprenda y construya un buen futuro para el país.
Sabemos que hoy México está en un momento delicado, podemos fortalecer nuestras instituciones o debilitarlas hasta que ya no sean funcionales, lo que está en juego no es un trámite ni un debate interno, es la posibilidad de seguir confiando en que la justicia nos va a proteger cuando la necesitemos.
Revisar sentencias ya cerradas es un camino hacia una puerta riesgosa, una puerta que si una vez abierta quizá nunca se cierre, y una sociedad sin justicia estable es una sociedad sin rumbo.
Estoy en contra de la propuesta de reabrir sentencias ya resueltas porque el punto de partida de mi postura es muy simple, sin estabilidad en la justicia, jamás vamos a tener confianza social posible, una sentencia que nunca es definitiva deja de ser justicia y se convierte en algo manipulable.
Un país donde lo que ya se decidió puede cambiar solo porque el poder de turno lo quiere defender a alguien en particular, sino porque estoy convencida de que sin certeza no hay seguridad y no tenemos un futuro posible.
La justicia no puede cambiar cada vez que cambiamos el escenario político, si permitimos que eso ocurra, perdemos la base mínima para para convivir y para creer en nuestras instituciones, una sociedad donde nadie siente que la ley lo protege es una sociedad que inevitablemente se rompe.
La justicia funciona gracias a principios básicos, como la independencia los jueces y la certeza de que lo decidió es definitivo. Si eso se rompe, ya no hay estado de derecho, hay improvisación.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.