Nadie puede contra el águila de frente, hemos dicho desde hace años en éste y otros espacios.

Tal pudo haber sido el destino de un destacado servidor público como director del CISEN, titular de la PGR y embajador de México en Estados Unidos, Eduardo Medina Mora.

A Medina Mora, tengo la impresión, se le acabó la fuerza para defenderse y decidió renunciar a su cargo de ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Con su salida, se debilita la Corte como contrapeso del poder del Ejecutivo.

Llegará otro ministro o ministra a reemplazarlo, y será quien el presidente y su mayoría en el Senado quieran.

De lo que se ha escrito de Medina Mora creo que no sabremos nunca qué tanto es real, qué es verdad a medias, y qué carece de sustento

Mi colega y amigo Salvador García Soto publicó en junio de este año que Medina Mora había realizado, entre 2016 y 2018, unas 32 transferencias, desde distintas cuentas, a otras en el extranjero, por un monto superior a los 103 millones de pesos.

La cantidad de las transferencias, en dólares y en libras esterlinas, supera con mucho los ingresos del servidor público Eduardo Medina Mora.

La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) le abrió un expediente por lo publicado, con origen en el Reino Unido y en Estados Unidos.

Sin embargo, el ex ministro respondió en una carta abierta el 18 de junio de este año, que nunca sacó dinero de varias cuentas, sino de una sola, la suya personal, de HSBC.

Los números de cuenta publicados, dijo el ministro, en realidad eran los números de las transferencias.

En su defensa dio a conocer transferencia por transferencia, que en total suman la cantidad de siete millones 487 mil 261 pesos. No 103 millones.

Tales transferencias son plenamente compatibles con sus ingresos.

La confusión, según Medina Mora, estriba en que se alteró el tipo de cambio en doce transferencias.

¿Real o falso? Todo es según el cristal con que se quieran ver los documentos presentados por Eduardo Medina Mora, y lo publicado por ese excelente columnista que es Salvador García Soto.

Sin embargo hay hechos incontrovertibles.

Por ejemplo, que el presidente López Obrador detestaba al ministro que ayer presentó su renuncia.

Ciertamente Medina Mora era un ministro de derecha, como lo es un segmento de la sociedad mexicana.

Su oposición a legalizar el aborto en todo el país siempre fue pública.

Eso piensa Medina Mora, y eso piensa un vasto sector de la población.

Fue director del CISEN durante el gobierno de Vicente Fox, cuando se gestó el desafuero del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador.

El presidente lo acusó, desde hace varios años, de ser uno de los ministros que representan los intereses de “la mafia del poder”.

A nadie de la Corte aborrecía más López Obrador que al ex director del CISEN con Vicente Fox.

Hoy Medina Mora ya no es ministro de la Corte, a pesar de que le restaban once años en el cargo.

Su dimisión, para algunos, deja un sabor de aceptación de culpabilidad.

Puede ser. Aunque es posible que a Eduardo Medina Mora ya se le habían acabado las fuerzas para pelear.

Y dar la batalla contra el águila, cuando la tienes de frente, es desgaste y tiempo perdido. Se necesitan ánimos e incentivos emocionales. Medina Mora los había perdido.

El diez de febrero de este año murió su esposa, Laura Pérez Vázquez, una mujer relativamente joven.

Seis meses después, el siete de agosto, falleció su primo Manuel, ex director general de Banamex, a causa de una enfermedad neurológica progresiva.

Duro el invierno para Eduardo Medina Mora. No lo aguantó.

Con su salida viene un nuevo equilibrio en la Suprema Corte.

Cosas veremos.