El desbocado ímpetu transformador de la cuarta transformación contamina todos los ambientes. Vivimos una peligrosa polarización tóxica.

Pongamos como ejemplo reciente la decisión del INE, al negar registro a México Libre, que debería abordarse desde la razón y el derecho. Ahora, el tribunal electoral podrá o no corregir la plana al Instituto Nacional Electoral.

Lo relevante es que, en este asunto como en tantos otros, todo se mira a partir de lógicas sectarias impuestas desde Palacio Nacional. El presidente López Obrador trabaja en ello. Opina, critica y amenaza sin disimulo a quienes disienten. En el caso de México Libre el presidente afirma que si el INE hubiese otorgado el registro al partido de los Calderón-Zavala, “no se la hubiera acabado”.

Si los magistrados del tribunal electoral saben escuchar, interpretarán que la negativa a otorgar registro a México Libre es “un triunfo del pueblo”, según el presidente, y si cambian la sentencia del INE sabrán a que atenerse con el líder de las hordas “cuatroteístas”.

La contaminación del ambiente político hace que todo cuanto pasa o deja de pasar en México, se lea a partir de algo tan rotundo como frágil; “o estás con AMLO o en contra de AMLO”.

Si uno critica cualquier dicho o cualquier hecho del gobierno, de inmediato se convierte en un conservador, emisario del pasado corrupto y rapaz. Eso es un simplismo vulgar.

La vacuna contra el virus del maniqueísmo perverso y tramposo es y será el debate plural; información, datos y hechos, aunque disgusten al mandamás, para nutrir el juicio nacional. Es inadmisible aceptar por cobardía, en silencio sumiso, la imposición del evangelio presidencial, sin rebatirlo.

Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.