Números del Poder
PACHUCA, Hgo., 8 de septiembre de 2025.- México sigue enfrentando una realidad incómoda: según el Primer Informe de Labores de la Secretaría de Educación Pública (SEP) 2024-2025, de 100 estudiantes que ingresaron a primaria en 2007-2008, 57 terminaron el bachillerato (2018-2019) y solo 32 llegaron a licenciatura (2023-2024).
Estos números retratan trayectorias educativas históricas que, generación tras generación, se van perdiendo en el camino y con ellas se diluyen sueños, proyectos de vida y el potencial de un país que sigue condenando a su juventud a la desigualdad educativa.
La educación media superior es el verdadero muro de contención. Aunque el 81.5% de los estudiantes terminan la secundaria, solo el 59.2% concluyen el bachillerato. En 2017 esa cifra era de 65.5%, lo que significa que retrocedimos más de seis puntos en siete años. La educación, que debería abrir puertas, se ha convertido en un embudo que expulsa a cuatro de cada diez jóvenes en el bachillerato.
Este dato es una bandera roja para las entidades, pues las invita de forma imperativa a diseñar, impulsar o fortalecer las estrategias que ayuden a revertir estos números. La deserción escolar en México responde a múltiples causas: desigualdad socioeconómica, factores de género, desigualdad territorial, y la fragmentación institucional de los subsistemas educativos, que funcionan como islas con calidades desiguales.
En los últimos años se han promovido estrategias como apoyo académico personalizado, comunidades estudiantiles, orientación psicológica, flexibilidad curricular e involucramiento docente, con el objetivo de retener estudiantes en el bachillerato. Sin embargo, el impacto real es limitado cuando las políticas no logran atender las raíces profundas del abandono escolar.
Los gobiernos estatales deben asumir un papel protagónico, con estrategias adaptadas a sus contextos: becas focalizadas, transporte gratuito, tutorías intensivas y programas de reingreso flexible para madres jóvenes. En México, aunque programas como Jóvenes Construyendo el Futuro han buscado ofrecer alternativas, su enfoque laboral no sustituye la necesidad de fortalecer el sistema educativo formal.
Experiencias internacionales muestran que los sistemas de alerta temprana para detectar el riesgo de abandono y los planes de articulación secundaria–bachillerato–universidad son herramientas efectivas. México necesita traducir estas lecciones en acciones inmediatas.
Invertir en la retención escolar no es un gasto, es una apuesta por el capital humano y el desarrollo económico. Cada estudiante que permanece en la escuela representa una oportunidad para romper el ciclo de pobreza y construir un futuro más equitativo.
Revertir el retroceso exige una coordinación nacional, presupuestos estables y voluntad política. La media superior es el verdadero cuello de botella; resolverlo es una urgencia impostergable.
La retención escolar debería ser la prioridad nacional número uno, no un tema secundario en los informes oficiales. Mantener a los jóvenes en la escuela es mucho más que cumplir una estadística: es evitar que millones queden atrapados en el ciclo de pobreza y violencia.
Hoy México está frente a un desafío enorme y abrumador. No es suficiente un nuevo marco curricular común, ni los discursos sobre innovación o el impulso de habilidades para la vida y el trabajo: urge presupuesto, voluntad y coordinación entre el sector educativo para salvar a la educación media superior del embudo.
Por ello, hoy me imagino un salón de clases: diez jóvenes comienzan el bachillerato llenos de sueños, pero al final cuatro de ellos no llegan a la meta. Algunos se verán obligados a trabajar en empleos mal pagados, otros quedarán atrapados en la incertidumbre de no estudiar ni trabajar, y unos más se perderán en el silencio de las estadísticas, invisibles.
Las de chile seco
La verdadera reforma educativa en México no se mide en leyes aprobadas, sino en cada estudiante que permanece y culmina su trayectoria educativa.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.