Números del Poder
PACHUCA, Hgo., 22 de diciembre de 2025.- Hay momentos en los que la realidad deja de ser un asunto opinable. El debate sobre los nuevos Libros de Texto Gratuitos llegó a ese punto hace tiempo. No estamos ante una diferencia ideológica legítima ni frente a una disputa de visiones pedagógicas equivalentes. Estamos frente a un hecho incómodo: los libros presentaron carencias graves, documentadas, técnicas y disciplinarias. Y aun así, se insiste en defenderlos como si se tratara de una causa moral, casi religiosa.
En 2023, la entonces presidenta de la Sociedad Matemática Mexicana lo dijo sin rodeos: el libro de primero de primaria pasó de dedicar 222 páginas a matemáticas a apenas 11. Once. No se trataba de una discusión sobre enfoques didácticos, sino de una mutilación del contenido. A eso se sumaron errores conceptuales y omisiones que afectan directamente la formación básica de los niños. La respuesta no fue corregir, sino desacreditar al mensajero.
Dos años después, la realidad volvió a imponerse. A petición presidencial, la propia Secretaría de Educación Pública encargó al CINVESTAV una revisión especializada de los libros de matemáticas y lectoescritura. El gobierno ha informado que los resultados ya fueron incorporados a los materiales del ciclo 2025-2026, aunque con un eufemismo revelador: no eran "errores", sino "ajustes menores". Curiosa forma de llamar ajustes a lo que obligó a una revisión externa y urgente.
Aquí aparece la primera contradicción insalvable. Si los libros eran sólidos, ¿por qué revisarlos? Si eran ejemplares, ¿por qué producir cuadernillos de apoyo, sobre todo en matemáticas? Los parches son una admisión tácita de falla. Negarlo es infantil. Defenderlo es irresponsable.
En este escenario, aparece la figura de Marx Arriaga, pero no como la de un académico dispuesto al debate, sino como la de un comisario ideológico. Su posible llamado a "defender" los libros no apela a argumentos pedagógicos ni a evidencia empírica, sino a consignas. No se convoca a discutir; se convoca a cerrar filas. El maestro deja de ser profesional para convertirse en militante.
El documento que circula en grupos de whats app, atribuído a él; impulsa los llamados "Comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana" no disimula nada. Habla de "instruir, agitar y organizar", de principios "innegociables", de enemigos y traidores. La educación, ahí, ya no es un campo de conocimiento: es una trinchera. El aula se concibe como espacio de lucha política, no como lugar de aprendizaje riguroso.
La paradoja es brutal. Mientras se acusa al pasado de vaciar de sentido a la escuela, hoy se vacían áreas fundamentales como matemáticas y lectura. Se desprecia la técnica en nombre de la emancipación, cuando sin técnica no hay emancipación posible. Hay, en todo caso, improvisación y rezago. Los niños no se liberan repitiendo consignas; se liberan cuando entienden lo que leen, cuando razonan con números, cuando piensan con autonomía.
Resulta especialmente grave involucrar al magisterio en esta defensa ciega. Pedir a los docentes que respalden materiales con fallas evidentes es tratarlos como escudos políticos, no como especialistas. Se les exige lealtad ideológica en lugar de juicio profesional. La educación básica no necesita guardianes de la fe. Necesita libros bien hechos, secuencias claras, contenidos sólidos y evaluaciones honestas.
Defender una idea es legítimo. Defenderla contra la evidencia no lo es. Cuando eso ocurre, ya no estamos ante un proyecto educativo, sino ante un catecismo. Y ese es el verdadero riesgo: no que tengan ideología -toda educación la tiene-, sino que han dejado de tener conocimiento suficiente para sostenerla.
Las de chile seco
¡Uno como quiera! Pero... ¿las criaturas?
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.