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PACHUCA, Hgo. 09 de marzo del 2026.- Últimamente, el tráfico vehicular en Hidalgo -especialmente en la ciudad de Pachuca- se ha incrementado de manera alarmante, y este fenómeno ocurre cada vez con mayor rapidez. Uno de los problemas evidentes es la mala planeación de las vialidades; sin embargo, al analizar factores fundamentales, existe uno en particular que no se atiende y que crece de forma preocupante, aunque parece que nadie quiere enfrentarlo.
Si hablamos de diseño automotriz como contexto, los avances han sido notables en distintos periodos: tecnología, seguridad y medio ambiente. No es lo mismo un automóvil diseñado en 1970 que uno concebido en 1990 o en 2025. Con el tiempo se establecen normas que mejoran todos los ámbitos: motores más eficientes y menos contaminantes, sistemas de seguridad pasiva y activa que reducen incidentes, evitan tráfico y salvan vidas.
Resulta desigual, tanto para el medio ambiente como para la seguridad de todos, comparar un vehículo fabricado en 1995 con uno del 2020. Sin embargo, un gran porcentaje del parque vehicular no cumple prácticamente ningún requisito de seguridad ni de trámites básicos. Circulan echando humo, obviamente no verifican, portan placas vencidas de muchos años atrás, -demasiadas de Hidalgo y cada vez más del Estado de México-, e incluso hay quienes no actualizan sus placas desde hace tres sexenios. En cuanto a seguridad, ni hablar: sus sistemas de frenado son obsoletos y peligrosos, pues requieren distancias mucho mayores para detenerse, y nadie los revisa como medida preventiva.
¿Y qué relación tiene esto con el incremento del tráfico?. La respuesta es clara: todos estos autos -que son demasiados- circulan impunemente violando la mayoría de las reglas que evitarían la aglomeración. Los "accidentes" provocados por su obsolescencia, sumados a la falta de pericia y desconocimiento del reglamento de tránsito, generan caos.
Tener un automóvil implica una gran responsabilidad, más aún cuando se utiliza para la familia o el trabajo. Es comprensible que la falta de recursos retrase el mantenimiento, sin embargo, la inacción de las autoridades lo hace nulo y en muchos casos se trata de irresponsabilidad y pretextos: para la fiesta sí hay dinero. Desafortunadamente, la autoridad nos ha acostumbrado a que "no pasa nada", y así seguimos circulando con total impunidad, generando cada vez más contaminación, accidentes y tráfico.
La prevención y la aplicación de la ley vial deberían ser la norma, no la excepción. De poco sirve ampliar caminos o construir puentes si todos desembocarán en el mismo embudo. Será un cuento de nunca acabar mientras no se atienda como corresponde el cumplimiento de los reglamentos en general.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.