Que se vaya Taddei
PACHUCA, Hgo. 27 de abril del 2026.- La fuerte presencia de mujeres en la educación inicial y preescolar no es un fenómeno natural ni biológico, sino una construcción cultural históricamente sedimentada. Diversos organismos internacionales coinciden en que este nivel educativo es el más feminizado del sistema escolar (con más del 90% de docentes mujeres a nivel global), lo que lo convierte en un espacio clave para analizar la relación entre género y cuidado.
Desde el punto de vista histórico, la educación de la primera infancia surge vinculada a la extensión del rol materno hacia lo público. En este sentido, como ha señalado UNESCO, "la educación de la primera infancia sigue siendo uno de los sectores más feminizados, reflejando normas sociales profundamente arraigadas sobre el cuidado". Durante los siglos XIX y XX, figuras como la "maestra jardinera" o "educadora maternal" fueron concebidas como mujeres que trasladaban al ámbito escolar cualidades asociadas a la maternidad: ternura, paciencia, sensibilidad y capacidad de cuidado. Así, el trabajo pedagógico con niños pequeños quedó culturalmente codificado como una forma profesionalizada del cuidado doméstico femenino.
Esta asociación no es neutra. Según la literatura, responde a lo que en sociología se denomina división sexual del trabajo, donde las tareas de cuidado (crianza, educación temprana, atención emocional) son asignadas a las mujeres, mientras que los hombres se vinculan con roles productivos, técnicos o de autoridad. Uno de los factores más profundos que explica esta distribución es la socialización de género desde la infancia. Como plantea la socióloga Arlie Russell Hochschild, "el cuidado ha sido históricamente definido como una extensión natural de las mujeres, invisibilizando su carácter laboral y socialmente construido".
Porque, debemos tener claro que la cultura no solo define qué es "trabajo de mujeres", sino también qué significa ser hombre. En muchos contextos sociales, así como en pequeñas comunidades de nuestro país, la masculinidad hegemónica se construye en oposición a lo femenino: Ser hombre implica no ser emocionalmente dependiente. Implica evitar conductas asociadas al cuidado íntimo. Implica mantener distancia corporal y afectiva. La educación preescolar, en cambio, exige exactamente lo contrario: Contacto físico frecuente (consolar, acompañar, cuidar). Expresión emocional. Atención constante a necesidades afectivas.
Uno de los factores culturales más documentados en la literatura es el tema moral, mostrada en una desconfianza que en ocasiones recae sobre los hombres que trabajan con niños pequeños. Sin embargo, la literatura es clara en un punto importante: no se trata de incorporar hombres para cumplir un rol "masculino" dentro del aula, sino de ampliar las posibilidades de lo que significa cuidar y educar.
La escasa presencia de hombres en educación inicial y preescolar tiene efectos que van más allá del mercado laboral: Refuerza estereotipos de género desde la primera infancia. Limita los modelos de referencia que niñas y niños observan. Reproduce la idea de que el cuidado es responsabilidad femenina. En términos culturales y de igualdad de género, esto revela una contradicción profunda: La sociedad demanda cuidado infantil de calidad. Pero al mismo tiempo restringe culturalmente los accesos. Esto genera una tensión identitaria en los hombres que consideran ingresar a este campo. No solo deben aprender a enseñar, sino también redefinir su propia masculinidad en un entorno donde los códigos dominantes son distintos a los que han internalizado.
La predominancia femenina en la educación inicial y preescolar no es producto de una elección libre en igualdad de condiciones, sino el resultado de una estructura cultural profundamente arraigada que: Asocia el cuidado con la feminidad. El desafío desde mi punto de vista, no es simplemente "atraer más hombres", sino transformar las bases culturales que siguen definiendo quién cuida, quién educa y bajo qué condiciones ese trabajo es reconocido.
Las de chile seco.
En México, apenas tres de cada 100 docentes en educación inicial y uno de cada 20 en preescolar, son hombres.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.