El Maximato
PACHUCA, Hgo., 15 de septiembre de 2026.- José Hernández Delgadillo nació el 7 de octubre de 1928 en el municipio de Tepeapulco, Hidalgo, en el seno de una familia rural campesina. Desde niño se apasionó con el dibujo, quienes pudieron apreciar sus inicios artísticos lo incitaron a formarse de una manera profesional. Comenzó sus estudios con maestros de forma individual; posteriormente, se inscribió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, donde reconoció como uno de los maestros que le enseñaron y lo influyeron a Pablo O´Higgins, y en su estancia en París de los años 60 fueron Picasso y Chagall, pero se declaró marcado por el muralismo de Orozco y Siqueiros.
Delgadillo abrevó de la primera generación del muralismo mexicano, a pesar de que a la postre le hizo fuertes críticas porque, desde su perspectiva, se volvió la pintura del folclorismo, de ahí sus tonos sobrios entre grises y negros en contraste a la pintura colorida de los artistas que, a decir de él, seguían emulando la demagogia nacionalista de los gobiernos priistas. Podríamos enmarcarlo, aunque sin etiquetas, en la corriente del expresionismo abstracto. Formó parte de la generación de la ruptura, donde se reunían los talentos de Manuel Felguérez, Rufino Tamayo, Vicente Rojo y José Luis Cuevas, entre otros. No obstante, con el tiempo, Delgadillo haría una feroz crítica a esta corriente que produjo su obra entre los años 60, 70 y 80, por lo que él llamó su decadencia a partir de su acercamiento al poder y su reproducción a través de ese mecenazgo.
Después de su estancia de dos años en París y del fatídico 2 de octubre de 1968, Hernández Delgadillo, junto con un importante grupo de artistas, literatos, ensayistas, actores, actrices, poetas y músicos, se cuestionaron la función estética, social y política del arte. Es entonces que, desde finales de los años 60 hasta los últimos días de su vida, se vuelca al desarrollo de la obra mural, grabado y escultura con una perspectiva de lucha de clases y surge lo que él llamó el “Muralismo de lucha comunitaria”, es decir, comunal y popular.
Para José Hernández, “el arte es un acto creativo pero también un acto de amor, de reflexión y solidaridad”. Aliado de la causa obrera y campesina, cuenta que su primer acercamiento con la clase trabajadora fue con los tlachiqueros que recolectaban el agua miel y lo llevaban al tinacal introduciéndolo en una oración a manera de cántico, fue impresionante para él ver la miseria en que vivían su cotidianidad, los andrajos que vestían, a pesar del trabajo que realizaban. En los años 70, 80 y 90 del siglo pasado, Delgadillo estaba entrañablemente imbricado con las luchas populares de campesinos, obreros, maestros, trabajadores electricistas, colonos y estudiantes.
Delgadillo -como casi siempre se le nombra-, fue un humanista de su tiempo, marcado por la miseria de los campesinos del estado, de los trabajadores de las minas, de la guerra sucia de los años 70 sobre el campesinado, la clase obrera y el estudiantado, los herederos de una revolución interrumpida, como la definió Adolfo Guilly. Atestiguó el fracaso del modelo económico del desarrollo estabilizador, la crisis de la deuda externa, el ascenso del neoliberalismo, la firma del Tratado del Libre Comercio con América del Norte (TLC) que socavó el desarrollo alcanzado hasta los años 70, la permanencia de lo que el definía como la oligarquía criolla nacional.
En ese contexto realizó el mural “Lucha y contradicciones en Hidalgo”, en 1986, el cual dedicó y donó a los habitantes de Hidalgo. El mural es una representación de la historia del estado desde una visión de la lucha de clases enmarcada en una perspectiva histórica y económica, es decir, lo que constituyó las transformaciones sociales, culturales y políticas en el estado hasta la década de los años ochenta del siglo pasado.
Hernández Delgadillo estaba convencido de que el arte tenía que ser público, por eso trabajó en plazas, unidades habitacionales de la clase trabajadora, universidades y escuelas primarias, secundarias, y preparatorias, así lo hizo en planteles de las Universidades de Veracruz, Zacatecas, Baja California, en el Instituto Politécnico Nacional, en la Universidad Nacional Autónoma de México, escuelas Normales rurales, en colonias populares y en hospitales.
En los años ochenta y noventa, muy cercano a las luchas populares, transformó su manera de plasmar su estética, puso en práctica una forma de pintar murales con mensaje político que sirvieran a una causa concreta, realizados en corto tiempo, aunque tuvieran que utilizarse materiales sencillos y baratos porque era inminente su destrucción rápida por parte de las fuerzas represoras del Estado.
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