Nada Personal
Internet dejó de conectarnos
PACHUCA, Hgo., 5 de octubre de 2026.- Recuerdo haber llegado a internet cuando todo era cerro. Por los estudios, mis padres hicieron el esfuerzo de que tuviéramos computadora e internet en casa. Fue un privilegio en muchos sentidos.
Desde la preparatoria tenía acceso a una computadora y pasaba largas horas en línea, el modem dial-up hacía que el teléfono siempre estuviera ocupado.
En aquellos años, internet parecía una enorme posibilidad de conocimiento: mucha información al alcance de la mano y, sobre todo, la oportunidad de construir comunidades alrededor de gustos e intereses específicos.
Con la llegada de las redes sociales, esas comunidades encontraron un nuevo espacio. Veíamos lo que publicaban nuestros amigos, pero también personas, medios y páginas que seguíamos. Incluso llegamos a organizar encuentros físicos que rompían la frontera entre lo virtual y lo presencial, recuerdo la primera reunión Twittera.
Eso todavía ocurre, pero algo cambió: las redes están dejando de ser sociales para convertirse, cada vez más, en individuales.
La hiperpersonalización de los algoritmos hace posible que una noticia relevante para mí no aparezca en el teléfono de mis amigos, de mi familia o incluso de mi esposa, aunque vivamos en la misma casa. Compartimos cercanía, intereses y experiencias, pero no necesariamente compartimos ya el mismo internet.
TikTok lo expresa con claridad en su sección “Para ti”: cada usuario recibe un contenido distinto, seleccionado a partir de aquello que el algoritmo ha aprendido que probablemente consumirá un usuario. Ya no navegamos solamente por lo que elegimos seguir; también navegamos por lo que una máquina ha aprendido que queremos ver.
La gratuidad tiene un precio. Nuestros gustos, búsquedas, necesidades, preocupaciones, pasiones e intereses se convierten en datos que permiten segmentarnos para ofrecernos contenidos, productos y experiencias cada vez más precisos.
La inteligencia artificial no ha hecho sino profundizar esta tendencia. Puede reconocer patrones con mayor precisión y anticipar aquello que probablemente captará nuestra atención.
La pregunta, entonces, no es solamente qué estamos viendo, sino qué estamos dejando de ver.
Si cada uno recibe un internet hecho a su medida, ¿qué posibilidades quedan para encontrarnos con aquello que no buscábamos, para sorprendernos y, sobre todo, para compartir una misma conversación?
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.