Elon Musk otro perdedor del martes
PACHUCA, Hgo., 5 de noviembre de 2026.- Sin duda, la derrota electoral del presidente Donald Trump tendrá repercusiones en México. De entrada, el discurso de hostilidad contra nuestro país -utilizado por actores de la oposición mexicana para golpear al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de seguridad y combate al crimen organizado- perderá parte del respaldo político que le daba el control republicano del Congreso estadounidense.
Claro, esto no significa que Trump vaya a moderar sus ataques ni que desaparezcan las presiones sobre México, pero el escenario para el republicano le ha cambiado de una manera brutal. Ahora tendrá que enfrentar a una oposición fortalecida, con capacidad para investigar a su administración, bloquear iniciativas y someter a escrutinio decisiones que durante los primeros dos años encontraron menores obstáculos legislativos. Sí, los estadounidenses corrigieron el rumbo y le arrebataron a Trump el control del Congreso. Los demócratas recuperaron las mayorías en el Senado y la Cámara de Representantes, con triunfos en estados históricamente republicanos; la derrota alcanzó también gubernaturas – como Florida y Texas- y congresos locales, en una jornada que pintó de azul Demócrata el mapa político de Estados Unidos.
El caso de Texas resulta particularmente significativo para México. El demócrata James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton en la contienda por el Senado, mientras Gina Hinojosa venció al gobernador Greg Abbott, uno de los principales aliados de Trump en su política de confrontación migratoria y fronteriza. Sí, Trump falló. Llegó por segunda vez a la Casa Blanca con la promesa de recuperar la prosperidad económica de su país, contener la inflación, proteger los empleos estadounidenses y poner fin a los conflictos internacionales.
De plano no dio una.
Dos años después, la política migratoria más agresiva nunca antes vista, el elevado costo de la vida, los precios de los alimentos y combustibles, las consecuencias de su política arancelaria y la guerra con Irán terminaron por alimentar el descontento del electorado estadounidense y se la cobraron en las urnas con un mayoritario, apabullante, voto de castigo. Las encuestas de salida muestran que la economía fue una preocupación central de los electores. Sí, pesaron el rechazo a la guerra, el desgaste de la política migratoria y la percepción de que el presidente Trump ha concentrado demasiado poder pues convirtió su figura en el centro de la contienda y los candidatos republicanos pagaron el costo de su impopularidad. Y este escenario tiene repercusión en México.
Durante meses, las acusaciones lanzadas desde Washington sobre la presencia de organizaciones criminales en gobiernos, el tráfico de fentanilo y la seguridad fronteriza encontraron eco en sectores de la oposición mexicana, que utilizaron esas declaraciones para cuestionar a gobiernos morenistas. La nueva correlación de fuerzas en Washington modifica el contexto de esa narrativa. Los señalamientos de Trump seguirán teniendo peso por provenir del presidente de Estados Unidos, pero ya no estarán acompañados del mismo control político sobre el Poder Legislativo.
Tampoco podrán presentarse automáticamente como una posición compartida por todas las instituciones estadounidenses. Eso significa oxigeno puro para México. Sería ingenuo, sin embargo, confundir una victoria demócrata con un cambio radical en la política de Washington hacia México. Republicanos y demócratas mantienen diferencias profundas, pero también coincidencias en materia de seguridad fronteriza, narcotráfico, migración y protección de sus intereses comerciales.
Pero la ecuación cambiará de cara a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá -el TMEC permanece vigente, aunque Washington decidió no extenderlo en sus términos actuales durante la revisión de julio-, la nueva mayoría legislativa abre espacios de interlocución para México, particularmente con representantes de estados cuya economía depende del intercambio comercial y de las cadenas productivas de América del Norte. En seguridad, Trump conservará amplias facultades para mantener la presión sobre el gobierno mexicano.
Sin embargo, el Congreso entrante podrá ejercer mayores controles sobre las agencias federales, los recursos presupuestales y las decisiones de política exterior… nuevamente la ecuación ahí cambiará. Los demócratas asumirán el control legislativo en enero de 2027. Hasta entonces, los republicanos conservarán sus mayorías y Trump seguirá ejerciendo plenamente sus facultades presidenciales. La derrota electoral no acaba con el poder de Trump ni garantiza un trato diferente hacia México.
Pero sí cambia las condiciones de la relación bilateral y debilita la idea de que las posiciones del mandatario estadounidense representan, por sí solas, el consenso político de Washington. Y en México, quienes han pretendido convertir cada declaración de Trump en una herramienta de confrontación política interna tendrán que revisar sus cálculos pues en unos meses su narrativa estará aniquilada a partir del control legislativo sobre Trump y la falta de respaldo del Congreso a su agenda contra México. La ecuación ha cambiado.
RADAR LUPA
Desde hace varios meses, las áreas de transparencia del gobierno federal han puesto el radar en torno a un contrato por más de 952 millones de pesos adjudicado directamente a Worryfree Tu Proveedor para atender temas de comercio exterior. Nos dicen que las dudas se centran en quiénes realizaron realmente los servicios, cómo se distribuyeron los recursos y qué funcionarios participaron en su contratación y supervisión. En este tema han aparecido recurrentes señalamientos contra dos personas: José Marcos García Nieto y Fernando Figueroa Ríos, hay una desconfianza abismal en ellos y su influencia en áreas de gobierno.
Y nos hacen ver que nadie quiere que haya licitaciones a modo ni se apoye de manera particular a diversas empresas. Y es que nos aseguran además que registros fiscales identifican nueve empresas relacionadas comercialmente con Worryfree, entre ellas Issirmax, Construction Worker MX, Digital EMS y Project Omni, cuyos posibles vínculos empresariales siguen bajo revisión.
El contrato de 952 millones vence el próximo 9 de diciembre, por lo que habrá que observar si estas mismas empresas participan en nuevas contrataciones y si se esclarecen los posibles conflictos de interés y el destino de los recursos públicos.
La lupa esta sobre la mesa.
Un abrazo para mis amigos de Quadratín
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