PACHUCA, Hgo., a 25 de septiembre de 2020.- Durante las campañas políticas en Hidalgo, resulta necesario que los candidatos consideren una prioridad en sus agendas atender la problemática de la Termoeléctrica de Tula y el enorme problema de contaminación del aire que provoca la generación de electricidad con combustóleo.

Así lo consideró Adrián Fernández, director ejecutivo de Iniciativa Climática de México.

En entrevista con Quadratín Hidalgo, Fernández explicó que está documentado que hay altas concentraciones de dióxido de azufre en el aire en esa zona hidalguense debido a la quema de combustóleo, que produce la refinería y lo utiliza en algunos de sus procesos, pero también es usado por la termoeléctrica.

Señaló que la termoeléctrica, a pesar de ser una planta que tiene la capacidad de utilizar al 100 por ciento gas natural, consume 80 por ciento de combustóleo y apenas 20 por ciento de gas.

La solución, dijo, está más cerca que nunca, por lo que destacó la importancia de que los gobiernos locales destraben los conflictos con las comunidades y la población a fin de que se concluya el gasoducto, comience a operar y, de esta forma, sea posible que la planta comience a migrar al uso de gas natural.

Aunque la solución depende de instancias federales, Adrián Fernández instó a que los candidatos de la región afectada comiencen a poner sobre la mesa el tema de la contaminación y abanderar la causa que, dijo, es noble y necesaria, porque día a día la salud y bienestar de la población se ven afectados.

Lo anterior porque, advirtió, existe la amenaza latente de que no sólo no se utilice gas natural, sino que con los planes de la Comisión Federal de Electricidad y de la Secretaría de Energía de aumentar la capacidad de refinación, puede haber mayor quema de combustóleo. “Sería un crimen llevar la planta al uso de cien por ciento combustóleo”.

Por ello, insistió en la responsabilidad de los candidatos de tomar en serio el problema y ofrezcan a los votantes colocar en la agenda pública el tema, pues una vez electos es un imperativo moral velar por el bienestar de sus gobernados. “No pueden ser omisos y tener el tema como un elefante en el cuarto”, concluyó