PACHUCA, Hgo., 22 de octubre del 2020.- Platón decía: “El legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de ciudadanos con exclusión de los demás, sino con la felicidad de todos”

Sin embargo pareciera que nuestros legisladores históricamente lo han ignorado… ¡o no saben que existe!. Bueno, eso suena lógico porque no están obligados a leer, sí, no se asombre, es real, no están obligados a tener la mínima preparación académica o cultural para ser legisladores, simplemente porque para ser legislador la constitución establece algunos requisitos muy básicos como: ser ciudadano mexicano, ser vecino del estado en donde se postulan, si eran funcionarios haber renunciado con un número de días de anticipación, etc. Pero en ninguna parte establece una educación mínima.

Usted me dirá: ¿Eso qué tiene de novedad?, o quizá esté tan arraigado el discurso de: ¡Así eran los de antes!. Permítame decirle que sí, tiene toda la razón, pero no estamos hoy aquí para analizar por partido, ni por legislatura, porque nunca terminaríamos, sino para analizar la importancia de que nuestros representantes populares cuenten con un nivel de preparación mínimo.

Usted como madre o padre de familia ¿qué es lo que busca para sus hijos?. ¿Acaso no la principal exigencia es que estudien y se preparen?. Por ello, a los maestros de sus hijos les exige que estén preparados, que sepan, que se actualicen, tan es así, que busca ingresen a las escuelas con mejores referencias.

Qué decir del médico que atiende a su familia. Primero recibe referencias de quiénes ya han sido pacientes, entra al consultorio y busca ver el título para saber en qué universidad estudió y de ahí decidir si se pone o no en sus manos, y así muchas profesiones.

Pero no hacemos lo mismo cuando de votar se trata, para muestra un botón: el hartazgo social en 2018 nos llevó a votar por un grupo de personas que en su mayoría ni siquiera había visto alguna vez y por consecuencia en lo último que se fijó fueron en sus antecedentes laborales y académicos.
He leído y escuchado un sin fin de quejas sobre el sistema de justicia en este país, que si la ley está mal, que si es injusto, etc. Bueno, pues le he de decir que para ser Ministerio Público, Juez, Secretario, etc., se requiere de cuando menos un título en derecho.

Aquí viene lo interesante, porque esa exigencia no tiene razón de ser, si a quienes aplican la ley les exigen altos grados académicos pero justamente a quienes hacen las leyes (llámese diputados o senadores) ni idea tienen de lo que hacen, no tienen el perfil, simplemente porque la constitución no se los marca y los ciudadanos no nos fijamos en eso al momento de votar.

Aunque existen muy buenos legisladores en el país, desafortunadamente son los menos, y tenemos a aquellos que no cuentan con la mínima preparación profesional y van por la vida (por sólo citar un par de ejemplos): desapareciendo fideicomisos que no conocen y menos entienden porque así se los indican, insultando a quienes no comparten su forma de pensar o descalificando a medio mundo como ocurrió recientemente con la diputada morenista Jazmín Calva López, (no ponga cara de what, nadie la conocemos, salvo por la vergonzosa forma en la que subió a hace unos días a tribuna a mal leer un documento (al final de esta columna le regaló el video para que lo compruebe).

Según el curriculum de esta diputada que balbuceó incoherencias en la máxima tribuna del estado, no tiene ningún antecedente como servidora pública, así como lo lee, no tiene experiencia en nada de la administración pública y como este, podría citar muchisímos ejemplos más.

Hagamos consciencia, entendamos que de quienes sean nuestros diputados y senadores depende el presupuesto, las leyes, reglamentos y muchas, muchas cosas más.

No sigamos dejando a la ligera el elegir a nuestros representantes en las cámaras.