En nuestro país hay 2.2 millones de personas de 15 o más años, que se ocupan en el trabajo doméstico, con ingresos no mayores de los 4,200 pesos mensuales, la mayoría son trabajadores informales de los que el 70 por ciento no gozan de prestaciones.

Eso nos dice la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), elaborada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, a propósito del Día Internacional del Trabajo Doméstico que se celebre el 22 de julio.

Esos 2.2 millones de personas que realizan tareas domésticas, representan apenas el 4 % de los 53 millones de personas ocupadas en nuestro país.

Pero, al margen de esos dos millones 200 mil mexicanos que realizan tareas domésticas remuneradas, hay en México 84 millones de personas de 15 años o más que realizan tareas domésticas no remuneradas; es decir, no perciben ingreso alguno por esas labores en el hogar.

Del total de personas en tareas domésticas remuneradas, hay 1.9 millones (88 %) son mujeres y el 96 por ciento del total, son trabajadores informales; lo cual significa que fuera de su salario mensual, no perciben ingresos extra por concepto de prestaciones sociales.

La ENOE, indica que en 70 por ciento no percibe ingresos extra por sus actividades, más allá de su salario, el cual para el caso de las mujeres ronda los 3 mil 200 pesos y para los hombres, no supera los 4 mil 200 pesos.

Las mujeres desempeñan tareas como a limpieza, orden, cuidado de personas, cocinar, lavar y planchar, mientras que los hombres trabajan en la jardinería, conducción de vehículos y vigilancia.

Además, el INEGI, encontró que nueve de cada 10 asalariados laboran en la informalidad.

Desde 1983 se estableció el 22 de julio como la fecha conmemorativa del Día Internacional del Trabajo Doméstico. Desde entonces y a la fecha hay grupos que se han organizado, especialmente de mujeres, para luchar por que se considere su labor como un trabajo formal, que les permita tener derecho a la seguridad social, a los créditos de vivienda y demás prestaciones que percibe un trabajo formal.

Además, de frenar los abusos y la discriminación de que son objeto por sus propios patrones, por considerarlos en no pocos casos, como la “servidumbre” y seres inferiores en la escala social, por lo que tienen “derecho” a abusar de la vulnerabilidad que les representa tener que dedicarse a esas tareas, por la falta de oportunidades en el mercado laboral.

Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.