Ráfagas: Chapulineo partidista
PACHUCA, Hgo. 11 de mayo del 2026.- México está entrando en una zona peligrosa: comenzar a creer que la educación puede recortarse sin consecuencias. Como si el calendario escolar fuera un trámite burocrático y no el corazón mismo del derecho a aprender. Porque detrás de esos 28 días menos de clases existe una realidad que no puede maquillarse con discursos oficiales: México ya vive una emergencia educativa silenciosa. Hay rezagos profundos en lectura, escritura, comprensión matemática y desarrollo socioemocional. Reducir el tiempo escolar en este contexto no es neutral: agrava el daño.
Pero además existe un tema del que casi nadie quiere hablar con claridad: la posible contradicción con la propia Ley General de Educación. El artículo 87 establece un mínimo de 200 días efectivos de clase. Reducir el calendario escolar sin garantizar el cumplimiento real de ese tiempo no solo abre un debate pedagógico; abre también un debate legal y ético.
La discusión tampoco puede reducirse al calor extremo. Claro que las altas temperaturas representan un riesgo real en cientos de escuelas sin ventilación, sin agua y sin infraestructura digna. Nadie serio puede negar esa realidad. Pero precisamente ahí aparece la pregunta incómoda: ¿por qué la única solución parece ser cerrar escuelas?. Porque cerrar escuelas no resuelve el problema estructural. Lo desplaza.
Y cuando el Estado desplaza responsabilidades, casi siempre terminan cayendo sobre las mismas espaldas: las de las mujeres. Mientras el discurso oficial habla de igualdad sustantiva y sistemas nacionales de cuidados, la realidad vuelve a desnudar la vieja costumbre mexicana: asumir que las madres resolverán gratuitamente aquello que las instituciones ya no sostienen. Tener a millones de niñas y niños 28 días más en casa implica reorganizar trabajos, abandonar empleos, pagar cuidados, suspender actividades o dejar a los menores solos durante horas.
En México, la escuela no solo enseña contenidos. La escuela protege. Para miles de niñas y niños, el aula representa el único espacio seguro del día. Es el lugar donde comen, conviven, juegan, socializan y, muchas veces, donde un maestro detecta violencia, abuso, abandono o señales de alarma emocional. Cuando un niño permanece en la escuela, disminuye el tiempo de exposición a contextos de riesgo que tristemente siguen existiendo dentro de muchos hogares mexicanos. Cerrar escuelas anticipadamente también significa retirar temporalmente esa red de protección. Por eso el debate dejó de ser únicamente educativo. Ahora es profundamente social y humano.
Y dentro de esa discusión hay una población casi invisible: las niñas y niños con discapacidad. Miles de familias mexicanas dependen de la continuidad escolar no solo para el aprendizaje académico, sino para procesos de autonomía, lenguaje, movilidad, socialización y desarrollo emocional. Interrumpir semanas completas de acompañamiento educativo significa retrocesos importantes para estudiantes que requieren rutinas estables y apoyos permanentes.
Las brechas, inevitablemente, crecerán. Y eso debería preocupar especialmente a los maestros. Porque ningún docente ignora lo difícil que ha sido recuperar hábitos de lectura, concentración, escritura y convivencia después de la pandemia. Ningún maestro desconoce que muchos estudiantes llegan hoy con vacíos acumulados, cansancio emocional y enormes desigualdades de origen. Reducir el tiempo escolar en estas condiciones equivale a pedirle a la escuela que haga más... teniendo menos.
Porque cuando un país comienza a acostumbrarse a tener menos escuela, también comienza a acostumbrarse a tener menos futuro. Hoy son 28 días menos por calor o logística mundialista. Mañana puede ser cualquier otra excusa. Lo verdaderamente preocupante no es solamente el recorte. Es el precedente. México no puede darse el lujo de seguir debilitando el único espacio capaz de reducir desigualdades de origen: la escuela pública. Porque cada día que un niño pierde fuera del aula, en un país tan desigual como el nuestro, no siempre vuelve.
Las de chile seco.
En unas horas se volverán a reunir las autoridades educativas; ojalá recapaciten.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.