Más allá del escándalo
Códices mexicanos (parte III)
PACHUCA, Hgo., 27 de octubre de 2026.- El tema de los códices mexicanos ha sido punto de discusión y colaboración entre los profesionales de la antropología, etnólogía, historia, lingüística, arquelogía, filología, economía y hasta la contaduría. No siempre se ha llegado a consensos pero sí predominan algunas ideas generales sobre este legado de los pueblos mexicanos a la época contemporánea.
En Mesoamérica se desarrolló la escritura y el libro, los llamados amoxtli: libro en lengua náhuatl, y pohua que significa leer o contar, juntas éstas palabras para los antiguos mexicas, “amoxpoani” significaba “persona lectora de libros”, “una persona leída”, “una persona que conocía y podía contar sucesos”. Los lugares donde sus libros se resguardaban eran los Amoxcalli, es decir, tenían sus propias bibliotecas.
Hubo libros en Mesoamérica antes de la colonización española, las personas que se dedicaban a realizarlos eran quienes concretizaban los conocimientos y el pensamiento en lo que hoy conocemos como códices. De acuerdo con don Miguel León Portilla, estudioso, conocedor y amante de las culturas mesoamericanas, existen entre 14 y 15 Códices prehispánicos, porque aún está la duda de la temporalidad en que fueron realizados la Matrícula de Tributos y el Códice Borbónico.
Destacan los códices mayas, pues fueron los pueblos del sur de México y Centroamérica los que lograron crear una escritura completa y así lo representaron en estelas, en sus templos y en sus libros, no así los pueblos mixtecos ni los mexicas.
Los códices hidalguenses son todos coloniales, básicamente genealógicos e históricos, que fueron realizados para defender los territorios de nuestros antiguos antepasados quienes querían demostrar ante la corona española o ante las autoridades virreynales la tenencia de la tierra desde antes de la llegada de los colonialistas.
Es así como lo representan los códices Techialoyan de San Francisco Acayucan, San Pedro Huaquilpan, Zempoala, San Salvador Tizayuca y San Juan Tolcayucan, los dos últimos, además de contener una serie de imágenes y glosas en nahualt y español que muestran sus mitos originarios, su genealogía e incluyen nombres e imágenes de los caciques locales que en ese momento gobernaban, contienen un mapa de los pueblos y las tierras que los conforman, así como el paisaje de la época.
Por otra parte, en los códices históricos de Hidalgo, contamos con los Anales de Tula que está elaborado en una tira de papel amate, con una cronología continua, horizontal, en el tiempo en sus relatos de sucesos, la temporalidad que aborda es del año 1361 a 1521, y el Códice de Huichapan también conocido como Códice Otomí del Convento de San Mateo Huichapan, que da cuenta del señorío de Jilotepec (hoy Jilotepec, Estado de México) y de la administración del Convento de San Mateo de 1539 a 1618 y de 1629 a 1632, también aborda el tema calendárico entre los tres sistemas de esa época: el otomí, el nahua y el europeo, está estampado en papel europeo y consta de 34 fojas, tiene glosas en lengua otomí en escritura occidental.
Afortunadamente, tanto los Anales de Tula como el Códice de Huichapan se encuentran en México en la Biblioteca del Museo Nacional de Antropología e Historia, así como el Códice Techialoyan de San Pedro Huaquilpan que está resguardado en su propia localidad; sin embargo, no corren la misma suerte los otros Techialoyan, pues se encuentran fuera de México: el de San Salvador Tizayuca, en la Biblioteca Nacional de Francia; el de San Francisco Acayucan está en la Biblioteca Nacional de Austria; el Códice de Zempoala en la Biblioteca Newberry enChicago, Illinois, Estados Unidos, y el de San Juan Tolcayuca en en la Colección Jay I. Kislak de la Biblioteca del Congreso, en Washington, D.C., Estados Unidos.