Ráfagas: Se reincorpora Canek al Infonavit
PACHUCA, Hgo. 12 de enero de 2026.- La escuela pública ocupa un lugar estratégico en toda sociedad democrática. No solo transmite conocimientos, sino que forma miradas sobre el mundo, nociones de justicia, autoridad, ciudadanía y convivencia. Por eso, en contextos de polarización política, la escuela se convierte en un territorio en disputa: no por el poder inmediato de la infancia, sino porque allí se construyen la memoria, el lenguaje y los marcos de interpretación que acompañarán a las personas toda la vida.
En este sentido, el debate sobre el adoctrinamiento escolar no es una exageración ideológica, sino una cuestión ética central. Educar implica transmitir valores. El problema surge cuando esos valores se presentan como verdades únicas, incuestionables, y el aula deja de ser un espacio de preguntas para convertirse en un espacio de certezas cerradas. Allí la educación deja de formar ciudadanos y comienza a fabricar adhesiones.
Hannah Arendt advertía que "la educación es el punto en el que decidimos si amamos lo suficiente al mundo como para asumir responsabilidad por él". Para ella, el educador no debe moldear ideológicamente, sino introducir al alumno en el mundo preservando su libertad de juicio. Cuando el dogma sustituye a la apertura, los niños quedan expuestos a discursos de poder que aún no pueden evaluar críticamente.
En una línea complementaria, John Dewey sostenía que "la educación no es preparación para la vida; la educación es la vida misma". Una escuela democrática no se define por el contenido ideológico que transmite, sino por el tipo de experiencia educativa que propone: diálogo, contraste de ideas, reflexión crítica. El adoctrinamiento, en cambio, reduce la educación a repetición y obediencia intelectual.
Las niñas y los niños no votan ni legislan, pero son uno de los espacios más disputados por el poder. En la infancia aún no existen las herramientas cognitivas necesarias para distinguir entre hechos e interpretaciones, entre una postura política y una verdad absoluta. Cuando desde la educación básica se impone una sola narrativa sobre la historia, el Estado o la desigualdad, no se forma criterio: se condiciona. El poder, cuando se enseña sin matices, se vuelve invisible. Y lo invisible no se cuestiona.
Aquí la analogía con México resulta inevitable. La actuación de Marx Arriaga en la elaboración de los libros de texto, donde se plasma abiertamente un tipo de ideología y la clara ausencia de temas importantes para el desarrollo del menor, además que promueve la creación de un frente de defensa para sostenerla, ilustra con claridad este riesgo. No se trata de debatir una postura política, legítima en el espacio público, sino de su imposición desde el aparato educativo, en un país cuyo sistema constitucionalmente es laico. Cuando el Estado asume el rol de editor ideológico, la pluralidad se reemplaza por una versión oficial del mundo.
Michael Apple lo expresó con claridad: "la educación nunca es neutral; siempre está vinculada a relaciones de poder". Reconocerlo no implica aceptar el adoctrinamiento, sino exigir transparencia, pluralismo y debate abierto. El verdadero desafío no es eliminar los temas conflictivos del aula, sino enseñar a analizarlos, no a repetirlos.
Paulo Freire afirmaba que "enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o construcción". El compromiso ético del docente está con la conciencia crítica, no con la obediencia intelectual. Pero exigir esta tarea sin libertad pedagógica, formación sólida y respaldo institucional es una contradicción estructural.
La escuela básica debería ser el espacio donde se aprende a pensar con otros, no a pensar igual que otros. Donde se presenten múltiples miradas, incluso aquellas que incomodan al discurso dominante. Solo así, más adelante, los jóvenes podrán elegir con libertad, y no simplemente repetir.
Las de chile seco La escuela pública debe formar criterio, no lealtades.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.